DEBATE DE LA ESCUELA UNA EN LA EOL





Los tres textos publicados en esta ocasión comienzan a mostrar la forma que va tomando el Debate en la EOL. Estos trabajos en particular –los de: Claudia Lazaro, Eduardo Benito y Catalina Guerberoff– se dirigen a cuestiones relativas al pase. La manera personal y en primera persona en que están escritos nos ofrecen la diversidad de su enunciación.
Dudy Bleger
Por el Consejo estatutario,
18 de marzo de 2010
Envío de contribuciones a: dudybleger@yahoo.com.ar



El factor local
Claudia Lazaro


¿Cuál sería la especificidad de un debate local sobre en pase en la EOL?
Es cuestión de situar nuestros problemas y nuestras soluciones.
Espero la participación en este debate de los ex – pasadores, AEs, ex AEs y miembros de los carteles de la EOL que hayan trabajado en el dispositivo. Pero también de todos los miembros – es mi caso- que no hayan participado (salvo como miembros de la Escuela) del dispositivo. Entonces, el pase, “…esta obra que no puede ser realizada a solas”[1].
Dado el rasgo de la EOL de ser muy extensa y diversa, la articulación Escuela y “secciones” es siempre un punto álgido. Una política del pase debe contemplar por ejemplo una cierta distribución de los testimonios de los AE en el “territorio” de la EOL.
Considero que a veces nos “identificamos” a los debates europeos. Son nuestros, ya que somos parte de la Escuela Una, y de la AMP pero creo que también es un rasgo “local” reparar menos en nuestra particularidad. Sin embargo, prefiero lo “global” a los regionalismos, en nuestra escuela no imagino ninguna declaración de “autonomía”.
Entre carteles “locales” o “deslocalizados”, sin duda estos últimos tienen un elemento de “otredad” que enriquece el procedimiento. La buena solución local y de la EBP, con el éxtimo o el Mas-Uno (no local) trabajando con el cartel ya lo contempla (tal vez esto explica el éxito del dispositivo del pase en nuestra Escuela).
Estoy convencida de que los testimonios de los AE deben publicarse más asiduamente en nuestras publicaciones on line o en papel. A veces en los Congresos o Encuentros tenemos oportunidad de escuchar algunos testimonios de AE que luego ya no podemos volver a encontrar (respecto de los AE de las otras Escuelas). Multiplicar entonces el acceso de los miembros a los testimonios.
En el debate al que vamos asistiendo de la ECF y de la ELP subrayo: articulación AE y eje de la política. Acuerdo a que es el punto de la función del AE más difícil: Interpretar la Escuela. La serie de preguntas que plantea Monribot es para detenerse: ¿se deja interpretar la Escuela?, ¿lo consiente?, ¿lo espera?, ¿pueden todos los AE asumir esa tarea?, ¿deben?
Para terminar mi pequeño subrayado: me gustó la idea de que se aumente la cantidad de pasadores y de la “frescura” (responsable) de estos. Lo evidente: que sean analizantes, esto es que lo jueguen en su función. En contadas ocasiones los carteles -cuando transmitieron sus enseñanzas- han puesto al acento en los pasadores. Tal vez no ha sido un problema en los carteles del pase de la EOL Puede ser buen momento de integrarlo a las enseñanzas.




Del fracaso de un éxito al éxito de un fracaso
Eduardo Benito

¿Alguna vez el psicoanálisis basó su sobrevivencia en el número de personas que adhirieran a él? ¿Acaso el mismo no podría permanecer como una suerte de botella en el mar (véanse los escritos de Lacan) a la espera de nuevas generaciones sin que ya nadie lo acompañe? Al contrario podemos imaginarlo abarrotado de gente, colapsadas todas sus formas de consultas, sus dispositivos, privados, públicos y aun más con los secretariados del pase desbordados de pedidos en todas las escuelas y sin embargo por completo extinto en cuanto a su espíritu (véanse los resultados de “la peste” freudiana en América).
Si como dijera J.-A. Miller” no se trata de aplastar tal espíritu bajo el pretexto de extenderlo”, tampoco se trata de aplastarlo bajo el pretexto de reducirlo a su sola intensión. “El pase sin el Foro, dice Miller, es un semblante”.
De todas formas entre las antípodas del psicoanálisis aplicado y el puro, pareciera que algo, más allá de toda cifra, impensado y común compromete a cada instante su sobrevida.
Del primero recordemos que tal riesgo corrido exigió, a su pesar, una interpretación de J.A. Miller (Jornadas de la ECF) que derivara en un intento por revisar una posible pragmática psicoanalítica. Tal debate aguarda, entiendo, su oportunidad. ¿O ya se ha dado por zanjada la cuestión? De todas formas se puede extraer de tal momento la siguiente fórmula sencilla e iluminante: Según Miller se trató “del fracaso de un éxito”. Éxito, entiendo, para el amo moderno por la cantidad (el número le es muy afín). Fracaso para el psicoanálisis (en su espíritu “indescifrable”).
En el otro extremo del arco, otra vez J.A. Miller, a partir de la contribución de S. Gayard pone en el tapete “el lugar del pase en la escuela” que continua con la mencionada “batalla a cada instante” por hacer existir el psicoanálisis. Lo sabemos, el psicoanálisis no es necesario, proviene de una contingencia y en consecuencia es posible que deje de existir. A la inversa, Miller hace de un fracaso de número, los pocos o nulos pedidos de pase, un intento de revisar el pase mismo y reformularlo. Soportar y poner en el tapete tal cuestión propició, entiendo, el alivio de una serie de enunciaciones personales “a cielo abierto” que han aireado y aligerado las posiciones. ¿Es esto de por si un éxito? Seguro, pero…
Es que la EOL, a la que pertenezco, también ha pasado por el éxito de un fracaso. El pase, su suspensión y retorno, permitió, creo, resguardarlo como dispositivo respecto de las personas. Sobre todo de aquellas que pudieran corromper su espíritu. Por supuesto el testimonio de M. Tarrab introdujo un inédito bálsamo de desidealización del pase cuyos efectos, creo, perduran a la fecha. Como se dice en la EOL, el buzón del secretariado del pase no se presenta vacío y no por casualidad. De todas formas y por lo planteado hasta aquí, dichos números: ¿importan?
Es Lacan quien nos advierte que la verdad desencadenada, lo que ha hecho Miller con el pase, no siendo ella semblante, (pues puede llegar a lo real), tiene sin embargo por destino reforzarlo. En consecuencia opino que no podemos descuidar, como el mismo Miller no lo hace, el texto de Gayard que se completa del siguiente modo:” una batalla de cada instante, homóloga a la batalla sobre el lugar del psicoanálisis en el mundo”.
Es decir ¿cómo se explica que gente formada psicoanalíticamente en el intento por extenderlo, termine en el riesgo de parecerse a aquello que dice combatir? Y en el otro extremo, ¿”cómo, es Miller quien lo dice, un colegio del pase pueda ponerse fuera de juego siendo sus miembros excelentes colegas, y tan pronto se han liberado de sus imposiciones han tomado con premura su lugar en el debate”?
¿No se capta que se trata de algo que trasciende el plano de las personas, que involucra a todas las escuelas y que tal vez evoque con naturalidad el misterioso espacio de la Escuela Una donde conversar al respecto pues es evidente que no posee nacionalidad especifica, color local alguno ni lengua particular?
Tal vez convenga a la manera de Lévi-Strauss dar razón a los antiguos sobre donde localizar el infierno, e intentar como dice Gayard “tomar las cosas por otro lado”, aquel que permita volver sobre los fundamentos del discurso analítico, o en todo caso sobre el riesgo permanente de ser (tanto en su aplicación al Otro social, como en sus intentos por verificar el fin de un análisis) coaptado en tanto un saber expuesto a otros fines. Lugar donde, sin lugar a dudas, las cifras imperan.



El pase, modelos para armar
Catalina Guerberoff

La confianza en el dispositivo del pase se produjo, en mi caso, después de escuchar los primeros testimonios, que dieron vida a los términos opacos de la “Proposición…” aunque no sin los sobresaltos de un saber puesto siempre en cuestión. Un solo ejemplo: hace alrededor de catorce años un compañero de la EOL, Aníbal Leserre, fue nominado AE. El recorrido de su exposición me resultó sorprendente en el punto de que su análisis había proseguido durante el dispositivo del pase, una vez finalizados los encuentros con su analista, en contraposición con la idea circulante de que un final de análisis lacaniano era de una vez y para siempre.
Estamos a punto de discutir la reconfiguración del pase, y esto excede los dispositivos y los pone en cuestión, así como los efectos del pase pusieron en el banquillo, sucesiva aunque no ordenadamente, los saberes dominantes en la Escuelas. Es indudable, también, que el pase ha producido sus propias ideologías, y que la presentación de un testimonio a la comunidad –de una Escuela, de la AMP, o a la ciudad– implica siempre la tensión entre lo que se quiere decir, lo que es escuchado en lo dicho y desde dónde, y el resto. Están en juego los análisis de cada uno, las referencias textuales, los saberes imperantes en determinados grupos, impensables por fuera de la diacronía y los matemas de cada época.
Eric Laurent recuerda unas palabras que Lacan le había dirigido: el análisis realiza, sobre la novela que cada uno escribe de su vida, una contracción del tiempo que la transforma en un cuento en el que se descubren efectos de estilo. En relación a los testimonios del pase, no todos los sujetos son afectados de la misma manera al escucharlos por primera vez. Por eso me parecía apropiado sumar otra metáfora para oponer lo que se dice en un análisis hasta el final, y los testimonios –con la operación de reducción, sorpresa y transmisión inmediata que éstos comportan–. Cortázar comparaba al cuento y la novela con un combate de box: decía que las novelas son matches que se ganan por puntos en el último round, y los cuentos peleas que se ganan por knock out en el primero. Metáfora temporal y de constricción del sentido, pero también de impacto y emoción, que deja restos, caminos abiertos, modelos para armar.

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[1] Lacan, Jacques, Proposición del 9 de octubre de 1967 acerca del psicoanalista de la Escuela.







¿Cómo dar a conocer al conjunto de la EOL, y por ende a la AMP, las primeras contribuciones que se publican sobre un conjunto de ellas?
Una opción hubiera sido darlas a conocer por orden temático. Pero finalmente se trata de un debate abierto, donde aún no podemos visualizar ni la cantidad de contribuciones que llegaran, ni los temas que abarcarán, y menos aún la forma que el debate tomará.
Es por eso que hemos optado por publicarlas bajo la forma del "desorden, no-todo”. Tres contribuciones, en esta ocasión, dan inicio al debate, las de Fernando Vitale, Carmen González Táboas y Silvia Ons.
Dudy Bleger
Por el Consejo estatutario,
16 de marzo 2010
Envío de contribuciones a: dudybleger@yahoo.com.ar





La Escuela Una versus la transformación silenciosa
Fernando Vitale


Mi breve contribución al debate de la Escuela Una en la EOL, apunta ante todo a intentar esclarecerme a mí mismo lo que pienso podríamos ubicar como posibles momentos de presencia del espíritu de la Escuela Una en nuestra comunidad.
Hablar de “momentos de presencia del espíritu de la Escuela Una”, es un modo entre otros de intentar circunscribir una causa que como lo ha constatado Flory Kruger en su texto del JJ 94, no se presta al pasaje por una definición conceptual.
Hemos seguido tanto en los JJ como en Los Debates de la Escuela Una publicados en nuestra lista, una cantidad de textos que en su mayoría dan cuenta de situaciones críticas que en principio parecen alejadas de la realidad efectiva actual de la EOL.
¿Pero es esta la mejor manera de introducirse en el debate en cuestión?
No lo creo en absoluto.
Como plantea Gil Caroz en “El Debate de la Escuela Una VI”: “La Escuela Una por la apertura de no saber que opera en los diferentes lugares, provoca una angustia que empuja a una anudamiento tanto más fuerte a una identificación comunitaria equivalente a una voluntad de consolidación de la autonomía del yo”.
Es evidente que la multiplicidad existe y que cada lugar como plantea Mónica Torres en el JJ 95, conserva una autonomía inseparable de sus particularidades políticas, culturales y sociales. Pero a mi entender el espíritu de la Escuela Una se hace presente cuando esas crisis dejan de ser solamente crisis relativas a tal o cual lugar, sino cuando logramos transformarlas en cuestiones relativas a la batalla nunca asegurada de hacer existir al discurso analítico en el mundo y de las que es deseable poder extraer un saldo de saber para el buen uso de cada uno.
Como lo planteaba hace tiempo J.A. Miller, la SAMCDA no es solo el destino de la IPA.
Decía Miller que la Escuela Una es una precaución tomada con anterioridad contra la burocracia previsible y siempre en germen en nuestra vida institucional. Creo que los riesgos de los efectos SAMCDA habría que ubicarlos bajo la lógica de la transformación silenciosa de la que nos habló F. Jullien.



La ella, la inatrapable
Carmen González Táboas

Leo en el texto enviado por Flory Kruger: “Cuando un miembro de la EOL se presenta en público, fuera de la EOL, lo hace como miembro de la EOL y de la AMP, no lo hace como miembro de la Escuela Una, lo cual nos hace pensar que se trata, en primer lugar, de un significante que sólo podemos compartir en el interior mismo de nuestras Escuelas.”
Por un lado, sin duda es un significante de nuestro ámbito; por otro, cuando un miembro de la EOL circula, como tal, por el mundo, en la medida que sirva a la causa analítica extiende los efectos de la Escuela Una, que lleva consigo.
Esa es, me parece, la lógica de la Escuela Una, la ella, la mendiga, tan inatrapable, como el discurso analítico en los otros discursos, a los que agujerea, inconsiste, abre.
El 27/01/2000, en una entrevista,[1] le preguntaron a Jacques-Alain Miller si la Escuela Una tenía precedentes en la cultura; a lo que respondió: “De manera incisiva digo: ¡Gioachino da Fiore!, ¡Thélème!, ¡Charles Fourier!” Fui a interrogar eso,[2] porque no se podía pensar que era vana retórica. Y me parece que sería el momento de aprovechar una referencia tan… incisiva, y tan olvidada.
Da Fiore: monje y vidente calabrés del siglo XII, era un hereje, un inadaptado, un autoexpulsado del Otro, un místico de la Cábala y de la Trinidad cristiana a la vez.
Fourier: socialista utópico, un poco chiflado, enemigo de la tiranía eclesiástica y de la burocracia, las ganancias abusivas, la opresión del matrimonio y la familia. Mejor vivir en pequeños falansterios, que no excluían la discordia, y aseguraban las libertades particulares.
Télemo: es la abadía rabelesiana autorizada por Gargantúa, “al revés de todas las abadías”, sin murallas, “pues donde hay murallas hay conspiración”. No tendrá relojes ni cuadrantes, y las tareas se repartirán al azar de la ocasión. Ellos y ellas, “alegres y no dormidos” tendrían una regla: “haz lo que deseas”.
La Escuela Una ¿no es la Una, la no toda, la pobre, la mendiga del Campo freudiano? Si es así, la Escuela Una se nutre de la transferencia de trabajo, habita en los inatrapables efectos de goce de los significantes de la AMP, de las Escuelas, de los dispositivos de Escuela, del Cartel al Pase, en cada analizante practicante que, -como sujeto causado por el psicoanálisis,- transita las vías que le permite su Sinthome.
La Escuela Una rehúsa las definiciones, sigue la lógica del no todo, anda por los intersticios; es el goce que resiste a la burocratización, al sueño, al mutualismo, al congelamiento, al bienestar. Incluye a los sujetos raros, particulares, diferentes, un poco chiflados tal vez, separados por la soledad del goce, reunidos por una Orientación. Leonardo Gorostiza habló de la extimidad que hace de límite al ímpetu mediador/unificador de lo Uniano. Mucho antes, Jacques-Alain Miller había preguntado: La Escuela Una, “¿podrá reglarse con la lógica del discurso analítico, sin concesiones?”[3]
Pienso que es la pregunta que puede orientar el debate.
En ese caso, pensar en “carteles de la Escuela Una”, o en otras maneras de hacer girar los efectos para hacerlos causa de un trabajo, sitúa a esos trabajos en el nudo clínico, epistémico y político que anuda a las Escuelas de la AMP. Pero la Escuela Una no está ahí. Ella, inatrapable, pertenece a otra dit mensión, la que introduce el parlêtre, uno por uno. Por eso, ella, éxtima, acompaña todo lo que hacemos como su sombra.[4]
Hace poco Jacques-Alain Miller recordaba que cuando Lacan fundó la Escuela freudiana de Paris no se refirió a la Universidad, “tumba de los saberes,” sino a las Escuelas filosóficas de la antigüedad. Hace diez años, en los días de la declaración de la Escuela Una, Miller se refirió a Gioachino da Fiore, Thélème, Charles Fourier. “Conviene prestar atención a las analogías, y por qué no, a las constantes.”




Máxima diversidad en la misma unidad
Silvia Ons

Me interesa llevar a la reflexión una observación muy interesante de Dudy Bleger[5] acerca del momento actual en la Escuela como tiempo signado por el empuje “Todos a testimoniar”, como consigna. Considero que habría que diferenciar ese “todos” del Uno deseable en la Escuela Una ya que este Uno se distingue del Todo y si aloja lo diverso no es para homogeneizarlo. Al respecto, creo que bien podría hacerse presente lo que plantea Leibniz cuando se refiere a la máxima diversidad en la misma unidad, allí la Escuela Una cumpliría muy bien su lugar de éxtimo respecto a las Escuelas que tienden, muchas veces, ser empujadas por consignas.
Gabriela Camaly[6] advierte de ese peligro en los términos de un empuje a la enunciación. Ahora bien: ¿la enunciación solo se verifica en los testimonios? O aún: ¿en todo testimonio hay necesariamente una enunciación? ¿No conviene acaso pensar en los riesgos que comporta limitar la enunciación al testimonio? Lacan[7] afirma que fundó su Escuela, tomando como punto de Arquímedes el grano de arena de su enunciación, sin embargo en lo relativo a lo que se entendería por testimonio de su análisis hay poco. Y también afirmó: “si hay alguien que se la pasa pasando el pase, ese soy yo”[8]. Ningún relato de su análisis pero marca de la experiencia analítica en cada uno de sus Escritos y en cada uno de sus Seminarios.
Dice Leonardo Gorostiza[9] que la política de la enunciación es la política de la Escuela Una como espíritu del pase expandido al conjunto de los miembros de las Escuelas y a la “comunidad” analizante que las rodea. Considero que ese espíritu no puede limitarse al relato de un análisis, la enunciación jamás puede reducirse a ello, sino que es deseable encontrarla en la trasmisión de los conceptos psicoanalíticos, de lo contrario caemos en la falacia de considerar que el campo epistémico psicoanalítico es una campo de meros enunciados. El hartazgo que muchas veces se experimenta cuando se repiten conceptos cual moneda gastada, sin vida, sería una consecuencia de la división aludida.
Graciela Brodsky[10] afirma que, para devenir psicoanalista, la verdadera cuestión no es tanto como entrar a la comunidad analítica sino como pasar de la comunidad a la disparidad. De ahí, concluye, “el carácter irresistible del testimonio”; no hay dos iguales ¿No sería entonces deseable que tal disparidad como espíritu del pase estuviese presente más allá de los testimonios en sí mismos? Así encontraríamos trasmisión de conceptos recreados por la chispa de la enunciación, lejos de repeticiones que naveguen en el océano de la homogeneidad.

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[1] Diez preguntas a Jacques-Alain Miller, por Natalie Georges, París, 27/01/2000
[2] En El Caldero, Nº 76 (mayo, 2000), las “Diez preguntas”, p. 44, y mi nota, p. 46.
[3] Jacques-Alain Miller, en la entrevista citada antes.
[4] Leonardo Gorostiza muestra en su contribución que la extimidad sigue a la mediación como su sombra.
[5] Boletín AMP 2010, N° 6
[6] Boletín AMP 2010, N° 6
[7] Lacan, J., Textos institucionales de Jacques Lacan “Un Otro falta”, Bs. As., Manantial, 1989, p.20.
[8] Lacan, J., “Sobre la experiencia del pase”, Ornicar?, Ediciones Petrel, Barcelona, p. 39.
[9] eol.org.ar, sección Congresos El debate de la Escuela Una N° 6 , La Escuela Una y la política de la enunciación , Leonardo Gorostiza
[10] Eol.org.ar, sección Congresos, El debate de la Escuela Una N° 4, EL pase y la armada Brancaleone, Graciela Brodsky.
CONVOCATORIA




San Salvador de Jujuy, 16 de marzo de 2010.-



La comisión Pro- Asociación, conformada por Silvia Torres, María José Autino y Raúl Arguello, convocan a la una reunión Fundacional llevarse a cabo el día Jueves 25 de Marzo a 21 hs. Sito San Martín 546. En tal oportunidad la mencionada comisión transmitirá los ítems pertinentes según lo establece el Estatuto correspondiente a tal fin.
Podrán participar de dicha Asamblea: El actual equipo de Gestión Operativa, los docentes y los asistentes y participantes regular a las actividades del Seminario Clínico del Instituto Oscar Masotta en Jujuy.
Con el propósito de proyectar las actividades de dicha Asociación, la comisión propone elaborar propuestas para ser presentadas ante la Asamblea. Para ello es importante que se tenga en cuenta que esta Asociación absorbe al Instituto Oscar Masotta, y por lo tanto las actividades y el Objeto (finalidad de la Asociación) tienen que ser coherente con sus propósitos.
Se trascriben los artículos del Estatuto, cuya lectura es importante previa a la Asamblea.


SILVIA TORRES - RAUL ARGUELLO - MARIA JOSE AUTINO

MODELO DE ESTATUTO PARA ONG DE POCOS MIEMBROS

TITULO I - DENOMINACION - DOMICILIO - OBJETO SOCIAL

ARTICULO 1o.: Con la denominación de “...................- Asociación Civil” se constituye el día ..........del mes de............del año........ una asociación civil, sin fines de lucro, con domicilio legal en………........................, Provincia de Jujuy.

ARTICULO 2o.: La Asociación tendrá por objeto..............................................................................................................
Para lograrlo se desarrollarán las siguientes actividades:.......................
..............................................................................................................
Las actividades detalladas no son limitativas, pudiendo realizar otras no previstas pero que tengan relación directa con su objeto. La asociación excluirá de todos sus actos las cuestiones políticas, religiosas, raciales y sindicales.
DEBATE DE LA ESCUELA UNA EN LA EOL


Publicar como primer texto para el Debate que se inicia en la EOL a nuestro colega Leonardo Gorostiza, en tanto Presidente de la AMP-América y futuro Presidente de la AMP, es propicio para el inicio a las contribuciones que comienzan a llegar.

Su texto, presentado en Paris el 1° de febrero en el Debate de las Escuelas Americanas y en el conjunto de contribuciones de otros colegas, abre una perspectiva posible en el debate de la EOL: la de sostener el binario mediación-extimidad, explotando de la buena manera la “antipatía”, o la brecha entre ambas.

Leonardo nos introduce así a pensar el buen uso que podemos hacer de la Escuela Una en su articulación con la AMP, desde de su enunciación: “la mediación permite un calce posible allí donde no hay sino un fundamento de abismo”.

Su texto ha sido publicado en el JJ N° 95.

Dudy Bleger
8 de marzo de 2010




Mediación y Extimidad
Leonardo Gorostiza

¿Cómo caracterizar lo que sería el “buen uso” de la Escuela Una, es decir, cómo caracterizar aquello de lo que trata este debate crucial?[1]

Para intentar avanzar en ese sentido, abordaré esta pregunta desde un ángulo preciso. El ángulo de las diferencias y de las articulaciones posibles que hay entre dos funciones que en nuestra conversación pienso que a veces tienden a confundirse. Me refiero a esas dos funciones inherentes a nuestro lazo en la AMP y en la Escuela Una: la mediación y la extimidad.

Establecer con mayor claridad las diferencias que hay entre ambas es lo que creo nos permitiría elucidar con mayor precisión cuáles son entonces las articulaciones posibles. De ello tal vez puedan luego deducirse algunas primeras consecuencias prácticas para el buen uso de la Escuela Una.

Mediación y extimidad no se confunden. Sin embargo, en cierto sentido, se podría decir que la extimidad acompaña –o debería siempre acompañar- a la mediación como si fuera su sombra. Porque allí donde la mediación permite establecer una articulación posible, es decir, una relación donde antes no la había, luego la extimidad vendrá a indicar, a recordar, una y otra vez, el fundamento de abismo sobre el cual esa relación, hecha necesariamente de semblantes, se funda.

Dicho de otro modo, la mediación hace existir una identidad, una comunidad posible, allí donde, en el fondo, no la hay. Apunta a lo Uno ante la resistencia de lo particular de lo Múltiple. Tal como señalaba Miquel Bassols, “…cuanto más difícil es sostener y hacer algo con la no relación, más mediación hace falta.”[2] Basta como ejemplo lo que a su vez decía Vicente Palomera al destacar “… el lugar de mediación que el Campo freudiano, la AMP y la FEEP han tenido y siguen teniendo en las fuerzas centrífugas de la ELP.”

Pero la mediación, sin su compañera extimidad, siempre correría el riesgo –es mi hipótesis- de ser confundida o de deslizarse hacia el ímpetu unificador de lo Uniano. De allí, la reivindicación de las autonomías particulares de lo Múltiple.

Que la mediación deba siempre ser, de algún modo, acompañada por la extimidad es lo que muestra muy bien lo ocurrido en el año 2000 en Buenos Aires. Hace poco, en su respuesta a la carta de Flory Kruger, Jacques-Alain Miller lo recordaba. “En el 2000 era urgente dar a la AMP –subrayo- su identidad propia después de veinte años de Encuentros Internacionales.”[3] Tenemos aquí claramente indicada la función de mediación que permitió ir fundando Escuelas a partir de lo Múltiple de los grupos y luego la AMP misma a partir de lo múltiple de las Escuelas. Era necesario producir esa “identidad” que implica reconocerse miembro de una -en sentido estricto- “comunidad”.

Pero ocurre que en ese mismo momento, en el año 2000 en Buenos Aires, al mismo tiempo que se producía y tomaba consistencia esa “identidad” de la AMP, aprobábamos la Declaración de la Escuela Una. Una Escuela cuya unidad, como sabemos, no implica centralización sino que corresponde a la unidad de la serie. Es decir, a la unidad de lo Unario y no de lo Uniano.

Entonces, creo que se puede afirmar que así como el Campo freudiano primero y luego la AMP, han hecho y hacen fundamentalmente uso de la función de mediación, la Escuela Una –la Escuela del pase, la que deslocaliza, la que reintroduce siempre las diferencias creativas y cuyo Uno es el de la orientación- para cumplir con su eminente función que es la de realizar “el sueño de una Escuela conforme al discurso analítico”[4] debe de manera sostenida hacer uso de la función de extimidad. Porque la Escuela Una debe siempre apuntar, como el deseo del psicoanalista, a obtener la diferencia absoluta, es decir, singular.

Jamás olvidaré cómo, en una oportunidad, pude constatar en acto la función de extimidad y su efecto desmasificante. Fue en el interior del trabajo de un Cartel del Pase de la EOL. Luego de las argumentaciones que los miembros del cartel desplegamos ante el éxtimo, bastó que éste indicara algo que no había sido interrogado a los pasadores con la profundidad que merecía el testimonio, para que el cartel –como sujeto- produjera el significante amo que había hecho del cartel un grupo “masa” deteniéndolo en su función. Los miembros del cartel nos habíamos detenido en aquél momento unificados bajo el significante “pudor”. La consecuencia no fue menor ya que el efecto de desidentificación, de desmasificación, permitió al cartel avanzar más allá y concluir en una nominación de AE.

Creo que este ejemplo muestra con claridad que la función de extimidad es congruente con el discurso analítico. Y es por ello que creo podemos afirmar que la política de la enunciación -que en tanto tal es desmasificante, ya que es propio de la enunciación el ser singular-, la política de la enunciación es la política de la Escuela Una y se sostiene en la función de extimidad.

Llegados a este punto, y a riesgo de cierta simplificación que implica situar la función de mediación del lado de la AMP y la extimidad del lado de la Escuela Una, ¿habría que concluir que para que el discurso analítico predomine la AMP debería transformarse en la Escuela Una? Esta es al menos la hipótesis de Giorgia Tiscini: que la AMP devenga EMP (Escuela Mundial de Psicoanálisis).[5]

Mi opinión es que no. Por el contrario, pienso que es fundamental preservar esa tensión que hoy intento situar entre la mediación y la extimidad.

Así como Lacan al hacer en 1978 el balance del Departamento de Psicoanálisis en Vincennes señalaba que el discurso analítico excluye la dominación, que la antipatía entre el discurso analítico y el universitario jamás será superada pero que de lo que se trata es de “explotar” dicha antipatía, me atrevería decir que también se trata de explotar de la buena manera la “antipatía” o la brecha que pueda haber entre la mediación y la extimidad, entre la AMP y la escuela Una.

Recientemente, volviendo a leer una conferencia de Jacques-Alain Miller pronunciada hace tiempo en Buenos Aires y titulada “Hacia una clínica cínica”[6], me encontré con el término “mediación”. Allí, Jacques-Alain señala que el pase mismo se dirige a ese punto del saldo cínico del análisis donde precisamente no hay mediación alguna. “Es la verificación –dice- de que no existe allí mediación…” y que hay ausencia de mediación de entrada en la división subjetiva misma. Hay división y, por lo tanto, no obstante las leyes de la palabra –de los semblantes, podemos decir- no hay mediación.

Es entonces en este sentido que pienso que sostener el binario “mediación - extimidad” puede ser una de las vías para hacer un buen uso de la Escuela Una.

Parafraseando una fórmula a la que recurrimos con frecuencia: se trataría, con la extimidad, de prescindir de la mediación -no creer en ella- pero, como con todo semblante, a condición servirse de ella llegada la ocasión.

Resumiendo este binario podríamos decir que la mediación articula allí donde hay ausencia de articulación, como el falo o como el nombre del padre, hace posible una relación allí donde no la hay, al tiempo que indica la ausencia de relación. Si me permiten la expresión: la mediación permite un “calce” posible, una común medida, allí donde no hay sino un fundamento de abismo.

Mientras que la extimidad, desidentifica, singulariza, e introduce así la ausencia de una común medida. En términos recordados por Miquel Bassols: hace saber que se trata de la paradoja de la Escuela Una como la “comunidad de los que no hacen comunidad”.[7]

Dije al comienzo que de todo esto tal vez podrían deducirse algunas consecuencias prácticas para el buen uso de la Escuela Una. ¿Cuáles?

Planteo sólo las primeras que se deducen claramente de lo que antes intenté argumentar. Los Carteles del pase, según una reciente propuesta de Graciela Brodsky, podrían pasar a ser Cartelas del Pase de la Escuela Una, pero… a condición de que sigan siendo Carteles del Pase de cada Escuela.

Es como con los AE, que son de la Escuela Una pero no por ello lo son menos de cada Escuela de la AMP. Como ven, pienso que es importante mantener esa tensión, no anularla, porque es a partir de ella y con ella que debemos saber arreglárnosla.

Dicho de otro modo, pienso que para un buen uso de la Escuela Una se tratará siempre de no eludir, en cada decisión que tomemos, la responsabilidad de cuidar que no se suture esa barra que es la división misma del sujeto, allí donde no hay mediación que no sea del semblante.

Los AE y los Carteles del Pase tienen entonces sobre sus hombros, una misión fundamental, y siempre renovada, la de recordar a todos y a cada uno de los miembros de la AMP y de la Escuela Una que esa “barra oblicua de noble bastardía”[8] es ineliminable y que en ella reside tanto la debilidad como la enorme potencia del discurso analítico.

Tal vez resida allí también la fuerza de esa suerte de súper-Escuela que Jacques-Alain Miller imaginaba como futuro de la AMP hace dieciséis años atrás.[9]



Buenos Aires, 23 de enero de 2010.





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[1]Miller, Jacques-Alain, “L’École Une en débat”, JJ 75, pág.7.
[2] Bassols, Miquel, “De cerca y de lejos”, en JJ 76, 23 de diciembre 2009.
[3] Miller, Jacques-Alain, en JJ68, 8 de diciembre 2009.
[4] Miller, Jacques-Alain, “Informe del Delegado General”, Buenos Aires, año 2000.
[5] Tiscini, Giorgia, “L’École Une existe-t-elle vraiment?”, JJ76, 23 de diciembre 2009.
[6] Miller, Jacques-Alain, “Hacia una clínica cínica”, (24 de julio de 1984), en Conferencias porteñas, Tomo 1, Paidós, Argentina, 2009, págs. 160 y 161.
[7] Bassols, Miquel, “Más de cerca y más de lejos”, JJ84, 14 de enero 2010.
[8] Lacan, Jacques, “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos 2, siglo veintiuno editores, Argentina, 1987, pág. 614.
[9] Miller, Jacques-Alain, “Avant-propos”, 31 de mayo de 1994, en Annuaire de la AMP, 1995.



Publicar para el Debate que se inicia en la EOL -y para el cual ya comenzamos a recibir contribuciones- un texto de nuestra colega Flory Kruger, miembro del Consejo de la AMP y miembro del Consejo de la EOL, presentado en el debate americano en Paris el 1° de Febrero, permite explorar a la Escuela Una en su dimensión –por definición- de experiencia.

Flory presenta entonces su texto desde su personal experiencia de la Escuela Una en la EOL, la ubica en el orden de los efectos, y se pregunta si este no será el momento de hacer girar esos efectos y ubicarlos como causa de un trabajo en la homeostasis de las diferentes Escuelas.
Su texto fue publicado en el JJ N° 94.


Dudy Bleger
10 de marzo de 2010


Actualidad de la Escuela Una en la EOL
Flory Kruger


En mi presentación de hoy no me voy a referir a planteos generales de lo que es la Escuela Una, ya que de una u otra forma, todos los conocen y si los años nos han puesto a cierta distancia de su fundación, el hecho de que el tema haya aparecido en la discusión de los Journal des Journées, nos hizo recurrir nuevamente a los primeros documentos que hablaban de ella. Lo que demuestra, de entrada, que no se trata de un nombre fácil de definir ni de entender y mucho menos de reconocer su presencia.

Les voy a contar entonces, cual fue mi experiencia en la EOL respecto de la Escuela Una.

Les diría que fue interesante porque a partir del planteo que nos propuso Eric para hablar esta noche con ustedes, retomando el Journal des Journées Nº 75, donde J. A. Miller hace una serie de preguntas referidas a la articulación entre la Escuela Una y las 7 escuelas existentes, me acerqué a varios colegas que han ocupado lugares de gestión y de conducción en la EOL a preguntarles qué es para ellos la Escuela Una.

La primera reacción fue de cierta perplejidad y dubitativamente cada uno comenzó a esbozar alguna respuesta un tanto vaga, poco clara, ambigua, de lo cual se podría deducir que en términos generales en nuestra comunidad no es evidente que se pueda decir lo que es la Escuela Una.

Algunas respuestas fueron: “Es un significante producto de la crisis del 98”, “es la Escuela del Pase”, “Es la Escuela que ocupa el lugar del Otro respecto del conjunto de las Escuelas de la AMP”, “es una Escuela virtual de la cual guardo una llave de recuerdo”.

Estas respuestas nos permiten sacar una primera conclusión: por un lado, es una Escuela que surge como efecto y no como causa, por otro lado, desde mi punto de vista, para la comunidad de la EOL, la Escuela Una, no así la AMP, tiene un alto grado de indeterminación y de desconocimiento.

¿Por qué digo que la AMP no? porque cuando se trata de los Encuentros Internacionales, o bien de los Congresos que se realizan cada 2 años donde se reúnen los miembros de las 7 Escuelas para escuchar por ejemplo, las mesas de los AE, sus testimonios, para discutir la clínica compartida, o bien, los momentos más epistémicos de la Orientación Lacaniana, todo esto se reconoce como el lugar creado por la AMP.

Para la EOL como para todas las Escuelas, la AMP no es una abstracción, tiene funciones encarnadas en personas, tiene un presidente con el cual las instancias de cada Escuela y sus miembros sostienen una interlocución permanente, tiene el pago de una cuota, tiene por lo tanto, una presencia efectiva y real.

Cuando un miembro de la EOL se presenta en público, fuera de la EOL, lo hace como miembro de la EOL y de la AMP, no lo hace como miembro de la Escuela Una, lo cual nos hace pensar que se trata, en primer lugar, de un significante que solo podemos compartir en el interior mismo de nuestras Escuelas, es entre nosotros, miembros de la AMP, donde podemos usarlo.

En el proyecto de declaración de la Escuela Una dice “Esta Escuela es una experiencia” entonces no es una institución, es una experiencia que recoge la experiencia subjetiva de todas las Escuelas.

Si la experiencia subjetiva de todas las Escuelas se comparte en el seno de la AMP, la AMP es el lugar que causa la Escuela Una como efecto, la comunidad de experiencia y de trabajo que de esos encuentros se va construyendo, constituyen la Escuela Una.

Decimos entonces que la Escuela Una es un efecto que deviene de un modo compartido de pensar el psicoanálisis, de pensar la clínica, de compartir la Orientación Lacaniana.

Esto no se produjo de una vez y para siempre, es algo que se fue construyendo a través de los años. Lentamente y a medida que se fueron creando las Escuelas que hoy pertenecen a la AMP, se fue produciendo lo que podríamos llamar una relación de confianza-transferencia de los miembros de una Escuela respecto de las otras.

Un ejemplo claro de dicha comunidad compartida que habla de la Escuela Una es el desplazamiento libidinal que se produce cuando un pasante elige otra Escuela que la propia para hacer el pase, o bien, la aceptación del lugar del éxtimo en los carteles del pase

Entonces vemos que la Escuela Una sería impensable sin su causa que es la AMP con sus 7 Escuelas, pero también sin este desplazamiento libidinal sostenido en la transferencia, que nos permite salir de lo propio para ir a lo otro.

La Escuela Una en un primer momento, fue un efecto de hecho, sin demasiado registro de su existencia, en un segundo momento, el significante Escuela Una vino a nombrar estos efectos, podríamos preguntarnos si el tercer momento, a partir de ahora, sería el de hacer girar esos efectos y ubicarlos como causa de un trabajo en la homeostasis de las diferentes Escuelas.

A partir de este punto nos preguntamos ¿en qué consiste la autonomía de las Escuelas?

Es evidente que el “sí mismo” de cada Escuela es diferente, por lo tanto es esperable que haya distintas formas de consistencias y resistencias a “lo otro” de cada una de las Escuelas.

No es lo mismo una Escuela que fue creada antes de la AMP, que ya tenía su propia trayectoria, que una Escuela creada a partir de la AMP. Es lo que nos permite detectar ciertas particularidades en la identidad de cada Escuela.

Algunas Escuelas como la EOL, tienen el rasgo de estar muy implicadas en el pase. Esto provoca distintos efectos, por ejemplo, toda política que no pase por el pase encontrara cierta lentitud en su realización.

Fue lo que ocurrió con el psicoanálisis aplicado y mas veladamente es lo que ocurre ahora con el “todos analizantes”, hay un cierto interrogante respecto de ¿cuál sería hoy la particularidad del testimonio de un AE, diferente al de un analizante?

En este sentido, nos preguntamos si una mayor presencia de los efectos de la Escuela Una en cada Escuela podría incidir sobre estas cuestiones. Si así fuera ¿cómo hacerlo?

Una primera respuesta podría ser una publicación que refleje lo que llamamos la experiencia de la Escuela Una.

Inmediatamente pensé en la publicación de los Congresos, el Scílicet, que aparece como la publicación del Congreso de la AMP, sin embargo en la contratapa figura el Comité de acción “de la Escuela Una”, es la primera vez que advierto que algo publicado figura como “de la Escuela Una”.

Una segunda propuesta podría ser la constitución de “carteles de la Escuela Una”, internacionales, de 2 años de duración, coincidiendo con el tiempo de los Congresos de la AMP, que acompañen el trabajo del Comité de acción, trasmitiendo su estado de trabajo en cada una de sus Escuelas y su producto final en uno de los días del Congreso.

De todos modos antes que nada habría que preguntarse si no es suficiente lo que ya existe, es la pregunta que dejo formulada hoy, teniendo presente que será nuestra discusión en la próxima Asamblea General del 30 de abril.

1° de febrero de 2010.-





Publicar como tercer texto para el Debate en la EOL a nuestra colega Mónica Torres, miembro del Consejo de la AMP, permite consistir como serie estos tres trabajos presentados en el debate americano en Paris el 1° de febrero por colegas de la EOL y a partir de acá abrir el Debate con las contribuciones que llegaron y que irán llegando.

Mónica sitúa en la relación entre las Escuelas y la Escuela Una (suscribiendo la alocución de J.A. Miller del 22 de enero de 2000) la contradicción entre lo Uno y lo Múltiple que “se resolverá, cada vez, en una solución singular y política, a inventar por cada Escuela”. Ubicando fundamentalmente en el Pase la presencia de lo Uno “que representa lo éxtimo que legitima lo Múltiple”, se pregunta si estamos demasiado callados en Buenos Aires. Si bien ubica el momento de concluir en abril en Paris, su pregunta es propicia para abrir la partida.

Su texto fue publicado en el JJ N° 95.


Dudy Bleger
12 de Marzo de 2010



La escuela Una y las escuelas americanas
Mónica Torres


Evidentemente, todas las Escuelas se han constituido bajo la conducción de J. A. Miller. Sin embargo, es absolutamente necesario que las Escuelas conserven cierta autonomía, porque existen importantes diferencias culturales, políticas y sociales.

Debemos, entonces, buscar una “dialéctica” equilibrada teniendo en cuenta diferencias muy evidentes.

Para las autoridades de cada Escuela es, a veces, complicado encontrar el equilibrio entre la conducción centralizada y la necesidad de una autoridad propia en relación a los problemas locales.

Formé parte del Consejo de la EOL dos veces, en dos momentos muy diferentes. Y las dos veces pude constatar la dificultad de conservar la autoridad frente a los miembros de la EOL y al mismo tiempo transmitir la orientación de la Escuela Una.

Quisiera plantear el ejemplo de una situación que yo misma he vivido.

En la ocasión de mi visita a la ciudad de Medellín, en Colombia (NEL) en junio del 2009, me encontré frente a un público y heterogéneo.

El tema de las jornadas en “Género y sexuación” feministas, militantes, religiosas, etc., estaban presentes. Y, entre los documentos expuestos, se presentó un film titulado “Mujeres en guerra” en el que daban testimonios mujeres que habían formado parte de la guerrilla y esposas o compañeras de los paramilitares. Y contaban su odisea.

¡Y yo, tenía que hablar de las fórmulas de la sexuación! ¡Delante de semejante público!

Con una realidad tan diferente de la que conocemos en Buenos Aires y ciertamente aún más diferente de la de París.

Aquí se ponía en juego el saber hacer entre lo Uno y lo Múltiple que la Escuela Una siempre ha señalado como una contradicción necesaria.

Voy a referirme a la alocución del entonces Delegado General de la AMP, J. A. Miller, el 22 de enero de 2000.

De lo mucho que allí dice, y a lo que sigo suscribiendo, recortaré un párrafo:

“…las Escuelas Nacionales y unilingües están hechas para durar; una escuela transnacional no podría reemplazarlas, ni absorberlas (…) al mismo tiempo, concebidas como emanando de una sola y única comunidad Internacional reunida en una, Escuela Una, las Escuelas (…) no podrán ser percibidas como las Secciones de esta Escuela Una. Encontramos aquí los términos renovados de esta noble y vieja contradicción de lo Uno y de lo Múltiple cuyos efectos en el seno de cada Escuela conocemos de memoria…”

La fuerza del Uno, que existe, que vivimos en el seno de la AMP, que se ha hecho más consistente desde la creación de la Escuela Una en Buenos Aires, esa fuerza no amenaza a las Escuelas, si estas pueden acoger lo Uno, conservando lo Múltiple.

El rasgo propio de cada Escuela en la coyuntura de su lengua, la política necesaria para cada país, incluso para cada región, debe ser asumido y sustentado por los miembros de cada Escuela.

En primer lugar sus autoridades, siempre un poco cuestionadas…por esta misma difícil y a la vez necesaria contradicción.

El ejemplo que di de mi viaje a Medellín, también muestra lo Uno y lo Múltiple dentro de la AMP América misma.

La realidad de Medellín, a la que adapté la orientación lacaniana del mejor modo posible, no se parece en nada a la de Buenos Aires. Como tampoco a París.

Lo Uno reúne y conserva en su seno, la contradicción de lo Múltiple que la vieja dialéctica hegeliana no va a resolver.

No soy partidaria de imitar soluciones que son válidas para otros contextos.

Al contrario, cada Escuela tiene que encontrar su modo de inventar cómo el principio orientador de la Escuela Una se encuentra con su situación propia.

Se sigue así la Orientación Lacaniana, pero de un modo tal que sea tomado por lo Múltiple en su singularidad.

De manera que la comunidad de cada Escuela se sienta a la vez reconocida en lo Uno y en lo Múltiple. Y en lo singular de cada uno.

Cito a Heráclito: “Así se debe seguir lo que es común, logos, sin embargo los hombres viven como si cada uno tuviese su propio logos”.

He aquí con lo que vivimos, tarea difícil si las hay, y a la que hemos dedicado una vez más, la reunión del Consejo de la AMP en este fin de semana.

Es una contradicción con la que seguiremos conviviendo, que no se resolverá, sino cada vez, en una solución singular y política.

Creo que es fundamentalmente en el Pase que la presencia de lo Uno es más clara y manifiesta.

Es fundamentalmente por el Pase que adherí desde un principio al deseo de Miller de fundar una Escuela en Buenos Aires, ése sigue siendo mi deseo.

Lo Uno representa lo éxtimo que legitima lo Múltiple. La presencia de Eric Laurent en el Cartel del Pase de la EOL, así lo demuestra. Como las nominaciones de Mauricio Tarrab y de Gustavo Stiglitz, Angelina Harari, un AE brasilero, lo demuestra también.

Escucharemos sus testimonios en abril, en París.

¿Estamos demasiado callados en Buenos Aires? Ya lo expliqué en otra ocasión. Instante de ver, tiempo de comprender, llegará el momento de concluir cuando la EOL haga propio, a su manera singular, el Acontecimiento París.

La extimidad garantiza la singularidad inextirpable.

15 de enero de 2010
ÚLTIMAS NOVEDADES 2009





Para una izquierda lacaniana...
Intervenciones y textos
Jorge Alemán

Incluye: Presentación, de A. Glaze Una izquierda lacaniana... Derivas sobre la inserción-desinserción La metamorfosis de la ciencia en técnica: el discurso capitalista El legado de Freud Lógica lacaniana: un caso de la escritura psicoanalítica Tesis sobre la institución: la confusión sobre el cero Debate Ernesto Laclau/ Jorge Alemán: ¿Por qué los significantes vacíos son importantes para la política?

En primera persona, así definiría a este libro, y así comienza. Un recorrido sobre las reflexiones en torno a psicoanálisis y política que Jorge Alemán nunca abandona.
Es así que términos que siempre escuchamos, sin un contexto definido, son clarificados en el marco de una posición ética respecto al psicoanálisis, y lo que con el concepto de izquierda lacaniana intenta transmitir. Dos términos que parecen no confluir, la izquierda y la orientación lacaniana, hacen que este no sea un libro sobre psicoanálisis, ni un libro sobre política, sino sobre política del psicoanálisis, sobre la dimensión política y ética que el discurso del psicoanálisis tiene en la época que nos toca vivir, donde conceptos como neoliberalismo, dominación, hegemonía, capitalismo, izquierda, ideología, utopía, acontecimiento, contingencia, técnica, mercancía y revolución, son revisitados para clarificar y orientar lo que el psicoanálisis puede decir y el lugar que debería ocupar en esa praxis.
¿Qué es ser de izquierda? En las páginas de este libro se encontrará una respuesta que lejos de ser cerrada y acabada, y que daría un ser al sujeto de izquierda, lo ubica en relación a algo ineludible que tiene que ver con la propia constitución subjetiva. Se trata en definitiva de una operatividad del psicoanálisis, basada en una política y una ética a contrapelo de los discursos de la época.


De la Presentación de Alejandra Glaze
INSTITUTO OSCAR MASOTTA




Con el título: "Informe de la reunión del Consejo de la AMP", que tuvo lugar en París el 30 y 31 de enero de 2010, se publicó un breve texto referido a la articulación de las Escuelas y el pase que lleva como título: "El Pase, la Escuela, el éxtimo". Esto permitió relanzar el debate tanto en la ELP como en la NEL.

Reunir tanto "El debate de la ELP" Nueva serie (33) como el Boletín aperiódico de la NEL: "En primera persona" N° 4 después del comunicado de la AMP, son una manera de tener a nuestra comunidad atenta al debate en el que ambas Escuelas están concernidas respecto al pase.

La ELP, en este número, y a partir del comunicado de la AMP, renueva el debate sobre el pase con nuevas contribuciones de sus miembros, donde se replantea la puesta en marcha de un cartel de la ELP.

La NEL, por otro lado, en una situación diferente a la ELP, da cuenta también de su relación al pase sin tener aún en función el dispositivo. Varios textos de miembros de diferentes países que conforman la NEL, dan un panorama de su situación.

Dudy Bleger
Febrero de 2010





El pase, la Escuela, el éxtimo


Hemos constatado, después de ver el panorama de las Escuelas europeas (ECF, ELP, SLP, NLS), que la articulación entre el Uno y lo Múltiple no es ciertamente óptima. La misma plantea menos problemas para las Escuelas americanas (EOL, EBP, NEL). Todavía es necesario distinguir la articulación de las Escuelas y la AMP en el plano asociativo y la cuestión propia de la Escuela Una en su relación a las Escuelas.


Desde el punto de vista asociativo, resulta que la vida de la AMP se complejiza y, sin dudas, habrá que mejorar los instrumentos de articulación entre la AMP y las Escuelas. El Vice-presidente hizo saber que él quiere prolongar la duración de la reunión anual del Consejo de la AMP, y de las reuniones del bureau. Por lo demás, proponemos que la AMP pueda recurrir más frecuentemente al envío de “encargados de misión” a las Escuelas, en función de las actualidades que se hacen sentir[1].


Más allá de las cuestiones asociativas, partimos del examen de las particularidades de la situación española para hacer de la misma el paradigma de nuestra reflexión. Las demandas que emanan de la ELP respecto a tener un cartel del pase propio en la Escuela son coherentes con la idea misma de una Escuela de Lacan, en tanto esta es una Escuela del pase. El cartel del pase de la ELP está situado actualmente en el seno de la FEEP por razones históricas. Si las instancias de la ELP consideran que para esta Escuela ha llegado el tiempo de tener su propio cartel, el Consejo de la AMP apoyará este paso y estará atento a sus consecuencias, particularmente sobre el número de candidatos que se presentarán al dispositivo del pase en España. No obstante, mantenemos la idea de que la aplicación del principio del éxtimo a un cartel del pase, de una forma u otra, es recomendable a fin de descompletar las identificaciones grupales y obtener un efecto de deslocalización. El éxtimo introducido en el caso de una eventual nominación es una práctica habitual en los carteles del pase de las diferentes Escuelas, desde la más antigua, la ECF. Esta extimidad puede estar presente en el interior mismo de los carteles como es el caso de la EOL o de la EBP. Estas propuestas serán presentadas en la reunión de todos los carteles del pase en la víspera del Congreso de abril. Serán también discutidas en la Asamblea de la AMP.

Traducción: Viviana Fruchtnicht




Carta de Estela Paskvan a

Eric Laurent, Jacques-Alain Miller, Lucia D’Angelo




Querida Lucía D’Angelo,

Cher Eric Laurent

Cher Jacques-Alain Miller



Acabo de leer el Comunicado del Compte rendu de la réunion du conseil de l’AMP. Allí se anuncia la posibilidad de que la ELP pueda tener su propio cartel del pase. Si la noticia me ha alegrado mucho, no dudo que compartiré esa alegría con muchos colegas de esta Escuela. Sé la responsabilidad que implica emprender esta vía y seguro que también otros la sentirán.

Si el cartel de la ELP está situado actualmente en el seno de la FEEP por «razones históricas », las instancias de esta Escuela deberán considerar si ha llegado el tiempo de regular un cartel del pase y abrir la vía para hacer efectiva la Escuela del Pase. En ese sentido les hago llegar mis primeras impresiones para contribuir en esa decisión.

1) Creo que estamos de acuerdo en que no se trata de tener un nuevo reglamento y que las instancias brinden por la « autonomía »; eso podría hacerse en pocas horas y « sin disparar un solo tiro » como dicen los generales. Entiendo que apostar por él sí implica inaugurar un tiempo para constituir un verdadero movimiento (palabra de JAM en la Conferencia sobre el pase) en la ELP para reflexionar y debatir sobre el pase y su regulación. Me excuso por repetir mi recuerdo: así como se hizo en la EEP para implantar el dispositivo.

2) Para lograr que todos los miembros y no miembros se vuelvan a sentir concernidos tenemos ahora mayores ventajas. No empezamos desde cero, hay una experiencia de 15 años. Pero lo interesante es que actualmente la podemos examinar desde un nuevo momento que no es cualquiera: es el pase de la Proposición el que estamos interrogando desde otro Lacan. Y en consecuencia, el dispositivo también. No hay peligro de repetir una «doxa». La ocasión es verdaderamente propicia para generar ese movimiento. Y la ELP no estará sola en esto, formará parte del mismo movimiento que recorre otras Escuelas.

3) Ya en distintas comunidades de la ELP hay espacios y debates. Pero también hay que decir que es allí donde comprobamos las inercias locales. La lista ELP-Debates-Nueva Serie se ha mostrado como un excelente instrumento para contrariarlas: la transmisión casi al día de las contribuciones de los miembros españoles y de otros colegas que aparecieron en los JJ han producido animación. Pero sabemos que eso no alcanza si nos comprometemos en este nuevo paso.

4) Como comuniqué a Eric Laurent y Lucía D’Angelo después de la Conferencia sobre el Pase, el actual cartel se ha comprometido en la animación del debate en la medida de sus posibilidades. Estamos en una posición que conviene, suficientemente deslocalizada como para no entrar precisamente en las inercias locales. El próximo 6 de marzo nos reuniremos y entonces conversaremos sobre próximas intervenciones. El Consejo de la ELP puede contar con nosotros a la hora de pensar planes de acción para la corta y larga duración.



Los saludo con afecto

Estela Paskvan

10/2/ 2010





Un debate abierto que vivifica la ELP

Hebe Tizio



La lectura del Comunicado del Consejo de la AMP en lo referido al pase da continuidad a un debate abierto que vivifica la ELP. Ello permite constatar, una vez más, que la función del dispositivo del pase va más allá de la verificación de la producción de un analista, pues cada vez que se lo toca en la discusión se genera un borde liberador de energía.

Siempre me he sentido concernida en la Escuela del pase, seguramente porque para mí la referencia ha sido la Escuela Una, porque cuando fui nombrada AE lo fui de la Escuela Una. Además siempre pensé que por su definición como vacío e instrumento para luchar contra la inercia de las escuelas, el cambio debía gestarse a partir de ella. Esto sin duda porque su función está en resonancia con el hecho de que para mí lo que mantiene la posición del analista es su posición como analizante, el modo de tratar sintomáticamente la tendencia a la inercia de lo incurable del modo de goce. No creo en carteles nacionales ni autonómicos, porque no son esos los significantes que convienen al discurso analítico. La cuestión de las escuelas y menos la del pase nunca se ha planteado en esos términos ya que la “geografía” del campo freudiano no ha sido la de las fronteras del discurso del amo. Es un mapa alrededor del A barrado, de allí que la pluralidad de las escuelas tuvo siempre como contrapunto a la AMP y al agujero de la Escuela Una. Lo que las anuda y agujerea.

Si el pase es de la Escuela Una es deslocalizado. Si de lo que se trata es de la localización del dispositivo hay que saber si es necesario y si es el momento oportuno para asumirlo desde ELP. Se trata de una interpretación.

¿Efectivamente lo pide la ELP? Será el movimiento de la escuela sujeto el que permitirá hacer emerger el deseo en juego para concluir sobre el cambio.

En el Comunicado se dice, en referencia a la creación del cartel, que el Consejo AMP “estará atento a sus consecuencias, particularmente sobre el número de candidatos que se presentarán al dispositivo del pase en España”.

Sin duda que la Escuela de Lacan sostiene su deseo de pase con un cartel que es tal en la medida que elabora los trozos de real que los pasantes ceden y los pone en circulación no sólo al interior del campo freudiano, sino como decía Lacan, fuera de él también. Sin embargo, no creo que las pocas demandas de pase se deban a la falta de un dispositivo propio de la ELP. Sí pienso que la conversación sobre el tema podrá servir para vivificar y causar el deseo de pase y, fundamentalmente, relanzar el tema de los finales de análisis, la necesidad del colegio del pase, de la producción de saber alrededor del agujero.

Por eso creo que hay que diferenciar lo que sería una necesidad lógica de un cartel del pase en una escuela lacaniana del aumento del número de candidatos. Insisto en que esto podrá suceder si hay en juego un deseo de pase resonando en la escuela sujeto.

Es el momento en el que todos estamos convocados, cada uno con sus responsabilidades, instancias más que incluidas, para conversar sobre estas cuestiones en el marco del afectio societatis.



Hebe Tizio





La Escuela del pase

Montserrat Puig



El Consejo de la AMP ha recogido en su último Comunicado la posibilidad de que la ELP tenga un cartel propio del pase. No creo que se trate de hacer simplemente un reglamento nuevo, eso no tendría gran alcance, sino de relanzar la experiencia de la Escuela del pase. Repetimos que no hay Escuela sin pase ni pase sin Escuela. Este nudo se nos presenta, una vez más, sobre la mesa como central a nuestra experiencia de Escuela. Tenemos la posibilidad de, en un movimiento que implique a toda la escuela (instancias, miembros, socios de sede y “recién llegados”), poder renovar los interrogantes que atraviesan su experiencia: Cómo se analiza hoy, cómo se terminan los análisis, qué es un analista, el pase clínico, el dispositivo del pase. La Escuela, más allá de su vertiente asociativa cuyo buen gobierno se hace imprescindible para su existencia, se nos presenta una vez más en las preguntas cruciales a cielo abierto.

Para ello si bien toda la escuela está convocada, seguro que el Consejo y el actual cartel hispanohablante del pase de la FEEP sabrán animar las condiciones, contando con la experiencia acumulada de los últimos años, para orientar el debate necesario para la gran conversación en la que estamos. Un debate que deberá ser, a mi entender, transversal a la organización en comunidades de la ELP, de nuevo lo múltiple en nuestra Escuela nos llevará a inventar, y evitar así el encierro en las inercias locales que lleva al adormecimiento de lo vivo de las cuestiones cruciales.

Me alegro de la nueva oportunidad que se nos abre. El Congreso de la AMP en abril con la Asamblea y la gran conversación será sin duda un momento de escansión y nos permitirá conversar con la amplia comunidad que forman los miembros de la AMP. Otras escansiones serán también necesarias antes de concluir. Todo ello se producirá si nuestro deseo nos empuja en la dirección de la Escuela del pase que es sin lugar a dudas la dirección de la Escuela Una encarnada en cada una de las escuelas.



Montse Puig

10/2/2010





¡Bienvenida sea la Edad del deshielo!

Julio González



La lectura del Compte rendu de la réunion du Conseil de l’AMP de enero de 2010 me ha producido un efecto de alegría, que se deriva en primer lugar del siguiente argumento: "las demandas que emanan de la ELP de tener un cartel del pase propio a la Escuela son coherentes con la propia idea de una Escuela de Lacan, en tanto que es una Escuela del pase". Encuentro en esto una interpretación que tiene un efecto de vivificación, de apuntar a lo vivo, y que nos sitúa en un horizonte de Escuela.

Así mismo me parece que si la Escuela de Lacan es la Escuela del pase, se trata ahora de poner en el corazón de la ELP el dispositivo del pase y lo que conlleva así como de responsabilizarnos de sus consecuencias. Contar con un cartel de la ELP apunta a esto, y en ello también encuentro mi alegría.

De dicho Compte rendu me parece crucial el punto siguiente: "Si las instancias de la ELP consideran que ha llegado para esta Escuela el tiempo de tener su propio cartel....." ¿Es el tiempo de tener nuestro propio cartel?, me pregunto. En este punto me parece que nos podemos remitir al último comunicado del Consejo de la ELP, en donde se señala que estamos en el momento de reconstrucción de la Escuela.

Evocando un texto de Gil Caroz aparecido en el Journal des Journées nº 88 [El Debate de la ELP Nº 32] apostar por constituir un cartel del pase propio a la ELP reintroduce en la Escuela la dialéctica del Uno y lo Múltiple, dialéctica que descongela el silencio y relanza la conversación. Es decir, permite reconstruir la Escuela en torno a S de A barrado, pone en el corazón de la ELP el agujero innombrable del no-saber.

Así que ¡bienvenida sea la edad del deshielo!



Julio González

10/2/2010





Experiencia-contraexperiencia

Gustavo Zapata

(NEL-Caracas)



La NEL será nueva, pero no sin historia... (Una amiga)



En el año 2000, el viernes 16 de junio, el número 9 de La Quotidienne consigna una carta de Jacques Alain Miller a la lista INES (Iniciativa Nueva Escuela) fechada el 1 de junio, en la que detalla sus propuestas acerca del documento fundacional que debía servir de pacto simbólico para la NEL. Explica que para esta ocasión, para fundar una Escuela se requiere un documento de este tipo por la pre-existencia de la ECFC, y dice:

“Lo difícil es desprenderse de esta experiencia pasada para abrir nuevas sendas. El vínculo analítico en toda la región se fundó sobre la ECFC, bajo distintas formas, desde las pertenencias individuales hasta la conexión de grupos asociados y el Pacto de Caracas. Entonces, la fundación de una nueva Escuela está determinada por lo que fue la Escuela de Caracas. A la vez, la nueva Escuela no puede inscribirse como una continuación de la antigua, que está muriendo de un exceso de transferencia negativa, tampoco como su Aufhebung, sino como su contra-experiencia, tal como la Escuela de la Causa fue la contra-experiencia de la Escuela Freudiana de París. Lo interesante en mi opinión seria hacer del documento la carta de la Escuela en tanto contra-experiencia.”

¿Qué significa que “la fundación de una nueva Escuela está determinada por lo que fue la Escuela de Caracas” y, al mismo tiempo, “no puede inscribirse como continuación de la misma”? Pues, a mi modo de ver, significa que ir de una a otra pasa por la elaboración de “lo que fue”, que no es otra cosa que su conversión en resto fecundo. Y, si convenimos en ello, entonces “lo que fue” no puede caer bajo el peso de la represión, porque, lección freudiana elemental, lo reprimido retorna. Es decir, si queremos efectuar la contra-experiencia de la ECFC, es esencial hacer de la experiencia de la ECFC resto fecundo, ni tabú ni fetiche.

Y como hemos sido invitados por el Comité Directivo de nuestra Escuela a hablar en primera persona, he tomado la decisión de compartir con todos lo que de resto fecundo queda para mí de la experiencia en una Escuela del pase, esto es, la ECFC, a ver si logramos cernir algunas coordenadas mínimas que nos permitan realizar la NEL en tanto contra-experiencia de la ECFC.







Primer viraje: la instalación del dispositivo.



El año de 1992 fue un año acontecido. Trabajamos mucho en la preparación del encuentro internacional Estrategias de la transferencia en psicoanálisis y el punto culminante fue la sesión del seminario hispano-parlante. El tema: Fin de Análisis, que era el tema del siguiente encuentro en París. El 28 de julio la Escuela tuvo una reunión con Jacques-Alain Miller para la instalación del dispositivo del pase, lo que dio pie para una serie larga de reuniones en la que participamos todos, miembros, asociados y esos que en esa época llamamos “participantes”, desde octubre de ese año. Con rigor, muchas preguntas y pocas respuestas, con la única brújula de un deseo decidido de pase, comenzamos un trabajo arduo, con tres seminarios internacionales dedicados enteramente al tema del dispositivo del pase y el final del análisis, que culminaría en 1994 con la elección del primer secretariado del pase, la primera lista de pasadores y el primer cartel del pase. Para mí fue fundamental, y tuvo consecuencias directas en mi posición en la institución, en el dispositivo de la cura (como analizante y en mi autorización como analista) y en la vida, cambió radicalmente mi relación con la escucha, la escritura y el saber para siempre, en particular a partir de mi papel como escriba de las actas del debate. Es lo que puedo llamar sin duda el primer viraje. Toda la Escuela, sin excepción, se movilizó para la instalación del dispositivo. De ello da cuenta la ingente y calificada producción de los miembros y asociados aparecida en El Correo de la ECFC, desde el editorial del número 10 (noviembre de 1992) a cargo de Ronald Portillo (Momento de franqueamiento), hasta el escrito Mi experiencia en el cartel del pase de Lupe Tobía en el número 27 (enero de 1998), con dos números dedicados especialmente al tema (el número 13 Umbrales del pase, y el número 15 Pase y Escuela en la AMP, enero y octubre de 1994, justo antes y justo después de la instalación formal del dispositivo). Como estaba previsto desde el año 1992, los carteles del pase incluían un éxtimo para la consideración de los testimonios. Así, a Genévieve Morel, Collette Soler y Rosa María Calvet, que estuvieron en Caracas antes de la instalación del dispositivo, se sumaron Pierre Naveau, Bernardino Horne, Eric Laurent, Esthela Solano, Pierre Gilles Gueguen, Miquel Bassols y Jacques Alain Miller, desde el 94 y hasta el 98. Su paso por la Escuela quedó debidamente registrado en los números respectivos de la revista Entredichos. Sin descuidar su lugar de interlocutor en la cultura y en la ciudad, atendiendo las exigencias del paso dado en el 92 con la creación de la AMP, y los crecientes compromisos adquiridos con las demandas de trabajo de los colegas de la región, la Escuela continuó su trabajo de elaboración en torno al dispositivo del pase, ya como experiencia en curso, con la mayor seriedad, discreción y prudencia.



Segundo Viraje: el dispositivo en funcionamiento.



De acuerdo a mis notas de la reunión institucional con Miller el 28 de julio de 1992, desde el vamos el dispositivo de Caracas estaba bajo la égida de La pregunta de Madrid (Uno por Uno nº 17, 19-23, abril 1991), por lo que, debido a la coyuntura precisa de la época de su instalación, lo que se denominó la ampliación del ámbito de la ECFC, el dispositivo funcionó como puerta de entrada a la Escuela, lo que implicó que algunas demandas de pase estuvieran articuladas a la entrada a la Escuela o desembocaran en ello. Se debatía intensamente en todas partes la tesis del “momento de pase” en la cura, por cierto, a mi manera de ver, antecesor directo de la tesis actual de los ciclos.

En un determinado momento, con ocasión de un evento de Escuela, me entero que he sido designado pasador, obviamente por la solicitud de un pasante que desea convenir conmigo las condiciones para rendir su testimonio, tal y como estaba previsto en el reglamento. Hubo tres tiempos en mi reacción: la sorpresa, el vértigo, la responsabilidad.



La sorpresa.



Por haber leído toda la bibliografía disponible, estaba familiarizado con una cierta teorización del papel del pasador en el dispositivo. Placa sensible, el pasador transmite una marca que recoge en el testimonio del pasante que permite al cartel verificar un franqueamiento, en palabras de El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, consiste en hacer pasar al cartel el color del disco del pasante. Hasta ahí todo bien, la teoría es clara. Pero fue muy distinta la experiencia de vivirlo. Estar allí, como los prisioneros del cuento, calculando...



El vértigo.



No es un cálculo colectivo, como el del Cartel del pase. El cálculo del pasador es solitario y no tiene otro referente que su posición des-sujetada respecto de la palabra. Por razones de estructura, la angustia ligada al descubrimiento de mi condición de pasador introdujo una sensación de vértigo por las viejas amarras de goce que comenzaron a deshacerse en la cura, dando paso al consentimiento. A la escucha del testimonio del pasante, al cribado de mi trabajo como pasador, a un cierto desapego de la palabra propia.



La responsabilidad.



La tarea del pasador es de mucha responsabilidad, y exige un alto nivel de compromiso con la causa analítica, con el pasante, y con la Escuela, en ese orden, al menos para mí. Asumir esa responsabilidad implicó para mí una nueva relación con la palabra, escrita y hablada, propia y del otro, que incidió de un modo sustantivo en el trabajo de presentar el testimonio ante el Cartel del Pase, y más allá, en mi práctica, mi relación con la Escuela y con el Otro. Me sentí útil, en el sentido de herramienta, y, además de novedoso, fue entusiasmante. Fue, superados la sorpresa y el vértigo, el segundo viraje. Fui escuchado por el cartel de modo respetuoso, inquisitivo, muy interesado en la reducción epistémica del testimonio, de una manera que me permitió captar el poder formidable del dispositivo inventado por Lacan, a la vez que me sentí íntimamente satisfecho de ser parte de un útil tan refinado.



A manera de conclusión, para empezar...



¿Qué puedo condensar de lo dicho a manera de eje para un debate? Primero, que el pase como dispositivo institucional tiene un poder enorme, sólo con ponerlo a circular como pregunta. Por ejemplo, la ECFC tenía El Correo de la Escuela, que hasta el año 92 contaba 10 números, poco más de uno por año desde su fundación. Después del 92 y hasta su disolución, más o menos en el mismo tiempo, se cuentan 21 números, entre dos y tres por año. Y no sólo se trataba de cantidad. Segundo, que el pase subvierte el orden institucional vaciando del sentido que las organizaciones analíticas dan a la pregunta ¿qué es un analista? bien por el ángulo de las identificaciones a los lugares de gestión y/o políticos, bien por el de la prestancia de los recorridos, bien por las destrezas particulares, lo cual produce no poca conmoción. Y tercero, que si es cierto que el dispositivo tiene estas consecuencias, entonces la Escuela del pase debe contar con fórmulas o mecanismos ad-hoc que permitan recoger de la buena manera esos efectos. Lamentablemente, la ECFC no pudo contar con eso, a mi manera de ver, por el efecto brutal de la crisis de la AMP en el '98, que se sumó, contingentemente, a la subversión que operó el pase en su estructura. Pero ese es otro tema. Ya habrá tiempo para debatir al respecto.

PS.: Al filo de concluir este pequeño texto, veo la nota de mi amigo y colega Mario Elkin Ramírez. Saludo su bien-decir y celebro su incorporación al debate.





¿Qué consecuencias para una invitación-interpretación?

Susana Dicker

(NEL-Guatemala)



Inicio unas breves reflexiones recordando las palabras de Judith Miller en su discurso de apertura de Enapaol, cuando cita lo que considera una interpretación de Jacques Alain Miller, de octubre de 2008; un axioma al que da valor de interpretación: “Lo que forma a un analista es su propio análisis, no el análisis de los otros”. Pero- agrega Judith Miller- “sin las consecuencias de esta interpretación, ésta se vuelve una tautología”.

Sabemos que hubo consecuencias. Noviembre de 2009 nos despertó a todos desde las jornadas de la ECF, las de Valencia y la semana en Buenos Aires. Nos despertó de nuestra vigilia de neuróticos- como diría Jacques Lacan. De allí a la fecha, hay todo un movimiento que puede dar testimonio de ello. Un “movimiento analizante”, como lo nombra Eric Laurent, del que no es ajena la iniciativa de nuestro boletín. Un movimiento que es respuesta a la propuesta de “desmasificación de la enunciación”.

Primera reacción de mi parte: ¿cómo pensar esa “desmasificación de la enunciación” si ella, por definición, por la relación tan singular con el inconciente, se supone “desmasificada”?

Luego el nombre de nuestro boletín: “En primera persona”. Sabíamos que la invitación era al sujeto de la enunciación. Pero el yo del enunciado -aunque atrapado en sus propios espejismos- también es primera persona, como lo es, aunque en plural, el nosotros de la identificación en los grupos. Es lo que nos enseñó la gramática, pero también la teoría y la clínica psicoanalítica y nuestra experiencia institucional, cuando ambos están siempre prestos a aparecer desde las trampas de lo imaginario.

Entonces la inquietud y la pregunta: ¿Podría mantenerse la distancia entre el enunciado y la enunciación en nuestros decires? Distancia clave para consentir la entrada en análisis. Distancia clave para decirse analizante. Los analistas ¿podríamos sostener el bien-decir que se espera de su posición analizante cuando la oferta que se nos abre es producir la conversación en la Escuela?

Preguntas básicas, elementales, antes incluso que las que pueden llevarnos a pensar las cuestiones que al pase se refieren.

La experiencia en Buenos Aires, la sobriedad de los testimonios de los AEs y de los que no lo son; el deseo renovado por la Escuela, por el psicoanálisis, por el propio análisis en los que estuvieron allí presentes y regresaron a sus sedes -algo que se hizo manifiesto en la sede de mi ciudad, en la Noche de Escuela con la que abrimos las actividades del 2010- todo ello permitió que cedieran los temores encerrados en esas preguntas y dieran paso a un optimismo que confía en el compromiso con nuestra posición analizante, en la responsabilidad de cada miembro respecto a su formación y al lugar que le compete en la Escuela.

Las preguntas de Lizbeth Ahumada en el número uno del boletín desafían la inercia en la que caemos tan fácilmente. Y lo dice bien: no es que tenga que haber ya, ahora, pronto, en la NEL, AEs. No es sacarlo de nuestra perspectiva, pero sí admitir un tiempo lógico también para la Escuela. Se trata más bien de hacer de la nuestra, una Escuela de analizantes, el ejercicio analizante en los testimonios de la clínica y en el decir sobre nuestra relación al inconciente. Despertar a “la masa dormida” cita Juan Fernando Pérez a Miller, “hacer de ella la mejor política que el psicoanálisis puede darse hoy”, como leemos en la conversación de la ELP.

Me leo y pienso: una invitación a la enunciación, a la primera persona y ya he citado a tantos referentes. Pero es ese un trabajo en la Escuela como Escuela Una, donde lo Uno y lo múltiple pueden entrar en una consonancia epistémica sin borrar las diferencias en la enunciación.





Efectos de la política de la enunciación

Claudia Velásquez

(NEL-Medellín)



Aun con imprecisiones sobre lo que significaba “una política de la enunciación”, me aventuré a dar cuenta, mediante un texto escrito, de un pasaje de mi experiencia como analizante, con la fantasía de enviarlo al congreso y de poder leerlo allí en el mes de abril. No sé aun si la fantasía se realice pues será el texto quien hable por mí ante los lectores que hagan la selección, pero el empujar las palabras producidas en una sesión de análisis, hasta llevarlas a un escrito dirigido a una comunidad analítica, produjo ya su efecto. Me refiero a dicho efecto en los siguientes tres puntos:

1. Hacer pasar de un registro a otro:

Tomar un fragmento de la experiencia de análisis para ser transmitido a otros, implica ir de la pura experiencia al lenguaje del Otro, del goce solitario del dispositivo analítico, al deseo de ser escuchado-leído, por otros.

2. Causar lo posible:

En tanto no ha habido final de análisis, se ha dado la imposibilidad de la transmisión de lo subjetivo instalada quizás por la idealización del pase que incluye los fantasmas de exigencias inalcanzables de formación. Dicha imposibilidad cesa y al cesar lo imposible, aparece entonces la posibilidad de que algo del análisis y del sujeto, pase.

3. Una apertura al análisis:

Se abre un camino de posibilidades: hacer con otros momentos y acontecimientos del análisis, aun mudos, guardados, acumulados, este trabajo de elaboración para hacerlos hablar y con ello, también, obtener nuevas ganancias de saber







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[1] N.de T: “actualidades que se hacen sentir”, se refiere a las actualizaciones necesarias en cada momento, a las necesidades coyunturales.
BICENTENARIO

REPÚBLICA ARGENTINA



1810 - 2010






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" CIEN AÑOS DE PSICOANÁLISIS EN LA ARGENTINA "


17 de abril, 2009






Un siglo de historias e histerias
“La historia que vendrá habrá convertido los testimonios,
las memorias y las demás producciones ‘militantes’ de los diversos grupos
en una nueva dimensión de la historiografría argentina”,
sostiene el autor



Por Germán García *


En 2005, Graciela Avram publicó una sátira, breve y documentada, sobre las terapias alternativas al psicoanálisis. Cuando se la lee aparece una diferencia con lo que acontece, por ejemplo, en Francia. Si allá las terapiascognitivasconductuales (TCC) se proponen como máquinas de guerra diferenciadas, entre nosotros se construyen por asimilación simplificada del vocabulario del psicoanálisis. Es decir, para entender el estado de la cuestión en el psicoanálisis actual hay que llamar la atención sobre la asimilación de su práctica a la psicología. Eso lo muestra ya desde el título el excelente libro de Alejandro Dagfal: Entre París y Buenos Aires - La invención del psicólogo. De paso, vemos que la mezcla de psicoanálisis y psicología tiene su marca de origen en Francia; en este punto es muy claro Michel Foucault en una entrevista de 1965 realizada por Alain Badiou, donde explica que la “psicología” surge de la filosofía y que encuentra en el psicoanálisis la posibilidad de conmover los fundamentos filosóficos, porque realiza una experiencia autorizada por el descubrimiento del inconsciente, que valida esa misma experiencia.



Sigmund Freud propuso para la educación del analista la realización de un análisis, el conocimiento exhaustivo de la doctrina y el control regular de su práctica.



Jacques Lacan extremó estas exigencias. Digamos, aunque sea de paso, que los modos de organización y nominación del analista –más allá de la habilitación del Estado– es una de las claves para la comprensión del estado de la cuestión.



La historia como histeria



Si en 1910, en los festejos del Centenario, Germán Greve presentó las doctrinas de Sigmund Freud en un Congreso Internacional de Medicina e Higiene, en el Bicentenario vale la pena llamar la atención sobre el recorrido y sus resultados actuales.



En las primeras décadas del siglo pasado, con el trasfondo del positivismo, el psicoanálisis había interesado a médicos psiquiatras. Pero su práctica no era incluida en esta curiosidad. Thomas F. Glick, de la Boston University, registra que en España la influencia del psicoanálisis comienza por un cambio de hábitos en la práctica médica: en las fichas de los pacientes se anotan datos de su historia infantil.



Después de 1930, condenado por la URSS, el psicoanálisis es abandonado por los psiquiatras en unos casos, en otros se intenta relacionarlo con la reflexología.



Es Angel Garma, entre otros, quien instala el estatuto del psicoanalista –copiado del que se impuso en Nueva York– subordinado a la medicina. Es un psiquiatra, Miguel Kohan Miller, quien rechaza esta subordinación. Como psiquiatra, es psicoanalista y punto.



Estas historias no pasaban del testimonio personal, de la memoria colectiva, de la hagiografía grupal.



Cuando en 1970 me interesé por el tema sólo encontré una historia de la psicología en América publicada en 1954 por I. A. Foradori, y un libro breve de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) con semblanzas de los fundadores y la información sobre el “ejercicio legal” de la profesión.



Había historias de la psiquiatría, también de la psicología, pero era poco lo que se encontraba sobre el psicoanálisis.



Y, sin embargo, el psicoanálisis estaba en las revistas, en la radio, en la televisión, en el cine.



En algunas tendencias, como la encabezada por Jung, había adeptos de la alta cultura mezclados con otros de los arrabales culturales del ocultismo.



La entrada del psicoanálisis en la Argentina era un libro documentado, pero no intentaba ser un libro de historia ni cumplir con las exigencias de esta disciplina.



Era parte de esa historia-histeria y quería minar el mito fundacional del psicoanálisis relacionado con la IPA, a la vez que criticar sus postulados y hacer propaganda para las propuestas de Jacques Lacan. Y fue, sin querer, un libro bisagra entre la histeria de aquellas pasiones y la historia de “verdad” que se empezaría a escribir.



La historia que vendrá



“Para precisar mi tesis –escribe Koselleck–, los pronósticos son sólo posibles porque hay estructuras formales en la historia que se repiten, aun cuando su contenido concreto sea en cada caso único y sorprendente para los afectados.” Suscribo esta tesis porque el psicoanálisis conoce diferentes momentos de internacionalización y, en cada caso, pagó el precio de una transformación que modificó tanto su política como su experiencia clínica y sus elucubraciones explicativas. Ocurrió en el pasaje de Viena a Zurich, después con su entrada a Inglaterra y Estados Unidos, por último en Francia y diferentes países de la lengua castellana.



Hans R. Jauss estudió, de manera brillante, este juego de transformaciones que se produce entre lo exótico de la novedad y las condiciones de aclimatación. El resultado no arroja algo idéntico, pero tampoco es otra cosa. Se plantean problemas que son homólogos a los de la traducción. El cambio de contexto es un cambio de sentido. La aceptación de Melanie Klein en Buenos Aires, como lo ha mostrado Horacio Etchegoyen, tiene una importancia de la que carece en otras ciudades donde el psicoanálisis existe con la misma intensidad.



La historia que vendrá tiene trazado algo de su horizonte en los trabajos de Hugo Vezzetti, Hugo Klappenbach, Mariano Plotkin, Sergio Visacovsky, Alejandro Dagfal y otros.



Es una historia que promete superar la histeria, que se propone describir las divergencias sin preferencias por los nativos de las diferentes “tribus”, que hará de cada versión una carta en el mazo de la historia.



Pero dentro de esa historia ya existen diferencias. Si Elizabeth Roudinesco prologa el libro de Alejandro Dagfal, la Asociación Española de Neuropsiquiatría mantiene relaciones de intercambio con el equipo de Historia de la Psiquiatría impulsado por Juan Carlos Stagnaro, cuya actividad editorial ha permitido que los nuevos psicoanalistas lean los clásicos de la psiquiatría que encontramos en la tesis de Jacques Lacan y en tantos otros trabajos fundamentales que ampliaron el conocimiento del psicoanálisis, a partir de lo que dejaba aprender la experiencia de la psicosis.



Los actores sucesivos –psiquiatras, médicos, psicólogos– ahora operan de manera simultánea en la configuración del psicoanálisis. El estudio de estas transformaciones está pendiente de una mayor atención en trabajos futuros. En el pasado, la falta de atención de estas diferentes “habilitaciones” produjo cierta ceguera sobre efectos evidentes: los médicos promovían la psicosomática, los psicólogos los problemas de las interacciones “sociales” y los psiquiatras se reservaban el campo de lucha de los aparatos sanitarios donde los demás podían incluirse como “trabajadores de la salud mental”. El psicoanálisis menos comprometido con estas operaciones tuvo también mayor libertad para diseñar sus maneras de inserción.



Dentro del psicoanálisis



Freud en las pampas, de Mariano Plotkin, intentó situar diferentes momentos del psicoanálisis en una perspectiva atenta a la política. Pero para hablar del estado de la cuestión de la historia del psicoanálisis vale la pena tener en cuenta sus rasgos diferenciales. Y para esto contamos con un libro solitario y un poco desplazado de la escena de la historia. Me refiero a El idioma de los lacanianos, de Jorge Baños Orellana, que intentó la primera y única clasificación de los modos de transmisión del psicoanálisis entre nosotros. Son cuatro: “La versión kitsch está puesta al servicio del reclutamiento y la redacción de introducciones para futuros miembros. La resolución de enigmas es el espacio discursivo de las investigaciones monográficas, donde se disciplinan las capas medias. La épica se encarga de contar la historia oficial y de pronunciar las arengas que fraguan la identidad grupal. La neoclásica es el gendarme de las instrucciones del narcisismo intelectual y poético: vigila que cada miembro ocupe su puesto sin comprometer la estabilidad ideológica y jerárquica del lazo colectivo” (pág. 321). Es obvio que el libro de Jorge Baños Orellana introducía en el campo una perspectiva que sorprendía y se valía de una bibliografía que no era frecuentada por los interesados en problemas del psicoanálisis. Será leído en el futuro.



El anclaje de Jacques Lacan en Buenos Aires, el libro de Marcelo Izaguirre demorado por problemas editoriales, realiza una minuciosa red de referencias y conexiones que funcionan como el reverso del libro de Baños Orellana: no trata de los modos que se practican sino de lo que se exhibe, de los deslizamientos y los contrasentidos producidos por las políticas de los grupos y ciertos cálculos elementales de los agentes.



La lógica del testimonio



Sería imposible enumerar la cantidad de testimonios individuales y colectivos producidos por los agentes de la práctica analítica. Desde la Fundación Descartes hemos impulsado más de una actividad y varias publicaciones en este sentido.



E. Carpintero y A. Vainer, con el título Las huellas de la memoria, publicaron dos tomos con ese material testimonial que conduce a cierta paradoja: el testimonio, como el sueño, es inapelable. Es lo que es. Pero al igual que el sueño, está constituido por desplazamiento, inversiones, olvidos y falsos recuerdos. Todo eso configura lo que Freud llamaba una verdad –en el sentido de la novela familiar–, pero su valor referencial debe ser confrontado con algún documento.



Jacques Lacan, cuando define al testimonio, dice que es la máxima proximidad entre el enunciado y la enunciación. Es decir, no lo define por su valor de referencia. Es lo que, desde que existe el pase como procedimiento para extraer el núcleo de un análisis, puede llamarse la verdad mentirosa de cualquier discurso sobre sí mismo. Entonces, es el tratamiento del testimonio lo que lo convierte en historia.



La cuestión institucional



Lo sabemos, Sigmund Freud prefirió crear una Asociación Psicoanalítica Internacional por fuera de las facultades. Creo que conocía el texto de Kant llamado El conflicto de las facultades (1798), que fue analizado con particular agudeza por Jacques Derrida. Para decirlo rápido, el psicoanálisis tiene secretos muy particulares y tiene que enseñar cosas que también son singulares. A la inversa, Kant dice que en una facultad se enseña lo que el Estado quiere que se enseñe. Una historia del psicoanálisis no podría excluir como una cuestión fundamental el estado institucional del psicoanálisis.



La institución analítica, según el programa de Jacques Lacan, no sólo evita fundir el término analista con cualquiera de los títulos habilitantes que cobijan su práctica (psiquiatría, medicina, psicología), sino que pone en funcionamiento dispositivos que impiden que alguien pueda identificarse con la nominación de “analista” a secas. Hay más de un analista. Está el analista practicante que sólo declara su actividad, está el analista miembro reconocido como tal por la institución y, por último, está el analista de la escuela que ha realizado el “pase” que testimonia del recorrido de su análisis.



Una historia del psicoanálisis que ignorase las diferentes maneras que se usan para nominar en cada institución sólo sería la descripción de grupos profesionales heterogéneos y pintorescos y dejaría pasar lo que el asunto tiene de particular: Aquello que convierte al psicoanálisis en una experiencia singular surgida de la tensión entre la filosofía y la psicología (tensión en cuyo trasfondo está la psiquiatría). La incidencia que tuvo esa psiquiatría en la aparición misma del discurso de Freud ha sido estudiada por M. Gauchet.



La trama exterior



La historia que vendrá tendrá que considerar una trama que nunca fue estudiada de manera sistemática: me refiero a las diversas editoriales, a los grupos que las impulsaron, a los libros que tradujeron en cada momento –sea para propagar una corriente nueva, para neutralizar alguna otra, para sostener algo ya existente–, a los traductores que realizaron el trabajo, a los inversores no siempre profesionales del libro, etcétera. No basta conocer los catálogos de Nova, Paidós, Nueva Visión. Existieron, a lo largo de tantas décadas, editoriales ligadas a corrientes políticas (por ejemplo las impulsadas por el Partido Comunista que incursionaban en la psiquiatría para imponer la reflexología y para polemizar con el psicoanálisis). Hubo otras ligadas a la religión, como el caso de la editorial Lohlé, que publicaba al psicoanalista católico Ignace Lepp, entre otros. Existieron y existen las pequeñas editoriales impulsadas por agentes del propio psicoanálisis, con poca importancia en el mercado, pero con la autoridad suficiente como para jugar un papel fundamental en las configuraciones de los grupos que las producen. También editoriales dedicadas a otros temas, pero que tuvieron su colección de psicoanálisis (como la que dirigió Raúl Sciarreta para editorial Corregidor), así como algunos libros publicados por Sudamericana, Leviatán, De la Flor, Catálogos, Atuel y otras.



Falta también una investigación sobre los libros traducidos en España y México importados a la Argentina y sobre las lenguas de las cuales esos libros fueron traducidos.



Una historia del psicoanálisis no puede ignorar la circulación material que sostiene la trama de las actividades de enseñanza del psicoanálisis, cuya proliferación se extiende a diversas ciudades del país. No se trata sólo de Córdoba y Rosario, puesto que la enseñanza del psicoanálisis y su práctica se han implantado tanto en ciudades del norte como del sur del país y lo han hecho con grupos organizados, con publicaciones regulares y en diálogo con la cultura de cada lugar. Al pasar es interesante consignar que cuando se dedican suplementos a las ciudades del interior (por ejemplo, del norte) se recurre al cliché histórico que caracteriza a la cultura de cada una de ellas, a datos turísticos, y se ignora de manera regular la existencia de las redes del psicoanálisis que en muchos casos son una presencia importante en las actividades culturales de esas ciudades. Bastaría mencionar las casi treinta ciudades, que desde Río Gallegos hasta Jujuy, componen el Instituto Oscar Masotta con sus conexiones nacionales e internacionales. Las facultades implicadas en la investigación de la historia del psicoanálisis formarán equipos, realizarán investigaciones, crearán archivos, solicitarán la donación de materiales diversos; si esto ocurre, estoy seguro de que ocurrirá, la historia que vendrá habrá convertido los testimonios, las memorias y las demás producciones “militantes” de los diversos grupos en una nueva dimensión de la historiografría argentina que podrá entrar en el horizonte de expectativas que impulsa en la actualidad un interés creciente por la historia del país.



En conclusión



El estado de la cuestión, en lo que hace a la historia del psicoanálisis en el país, muestra la creciente complejidad de los trabajos que se realizan a partir de las versiones de los “nativos” y de la documentación que comienza a ser clasificada y conocida. A su vez, la posibilidad de una historia parece responder a la importancia que la práctica de esta disciplina adquiere en la actualidad. Lo prueba el hecho de que nuestros invitados externos, que hablan en nombre de la antropología y de la historia, hayan trabajado en universidades situadas en Alemania, Francia y Estados Unidos.



De manera que de los cien años del psicoanálisis en la Argentina se puede esperar lo que se desea: por mi parte, espero de esta actividad una escansión, un nuevo comienzo, que sepa que la autoridad del futuro realiza de manera diversa la transmisión de la autoridad del pasado.



* El texto anticipa la presentación del autor en el evento “Cien años de psicoanálisis en la Argentina”: jornada de debate público organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Fundación Descartes, mañana desde las 14 en la Biblioteca Nacional.


[Publicado en el diario Página 12, el Jueves 16 de abril de 2009]