INSTITUTO OSCAR MASOTTA




Con el título: "Informe de la reunión del Consejo de la AMP", que tuvo lugar en París el 30 y 31 de enero de 2010, se publicó un breve texto referido a la articulación de las Escuelas y el pase que lleva como título: "El Pase, la Escuela, el éxtimo". Esto permitió relanzar el debate tanto en la ELP como en la NEL.

Reunir tanto "El debate de la ELP" Nueva serie (33) como el Boletín aperiódico de la NEL: "En primera persona" N° 4 después del comunicado de la AMP, son una manera de tener a nuestra comunidad atenta al debate en el que ambas Escuelas están concernidas respecto al pase.

La ELP, en este número, y a partir del comunicado de la AMP, renueva el debate sobre el pase con nuevas contribuciones de sus miembros, donde se replantea la puesta en marcha de un cartel de la ELP.

La NEL, por otro lado, en una situación diferente a la ELP, da cuenta también de su relación al pase sin tener aún en función el dispositivo. Varios textos de miembros de diferentes países que conforman la NEL, dan un panorama de su situación.

Dudy Bleger
Febrero de 2010





El pase, la Escuela, el éxtimo


Hemos constatado, después de ver el panorama de las Escuelas europeas (ECF, ELP, SLP, NLS), que la articulación entre el Uno y lo Múltiple no es ciertamente óptima. La misma plantea menos problemas para las Escuelas americanas (EOL, EBP, NEL). Todavía es necesario distinguir la articulación de las Escuelas y la AMP en el plano asociativo y la cuestión propia de la Escuela Una en su relación a las Escuelas.


Desde el punto de vista asociativo, resulta que la vida de la AMP se complejiza y, sin dudas, habrá que mejorar los instrumentos de articulación entre la AMP y las Escuelas. El Vice-presidente hizo saber que él quiere prolongar la duración de la reunión anual del Consejo de la AMP, y de las reuniones del bureau. Por lo demás, proponemos que la AMP pueda recurrir más frecuentemente al envío de “encargados de misión” a las Escuelas, en función de las actualidades que se hacen sentir[1].


Más allá de las cuestiones asociativas, partimos del examen de las particularidades de la situación española para hacer de la misma el paradigma de nuestra reflexión. Las demandas que emanan de la ELP respecto a tener un cartel del pase propio en la Escuela son coherentes con la idea misma de una Escuela de Lacan, en tanto esta es una Escuela del pase. El cartel del pase de la ELP está situado actualmente en el seno de la FEEP por razones históricas. Si las instancias de la ELP consideran que para esta Escuela ha llegado el tiempo de tener su propio cartel, el Consejo de la AMP apoyará este paso y estará atento a sus consecuencias, particularmente sobre el número de candidatos que se presentarán al dispositivo del pase en España. No obstante, mantenemos la idea de que la aplicación del principio del éxtimo a un cartel del pase, de una forma u otra, es recomendable a fin de descompletar las identificaciones grupales y obtener un efecto de deslocalización. El éxtimo introducido en el caso de una eventual nominación es una práctica habitual en los carteles del pase de las diferentes Escuelas, desde la más antigua, la ECF. Esta extimidad puede estar presente en el interior mismo de los carteles como es el caso de la EOL o de la EBP. Estas propuestas serán presentadas en la reunión de todos los carteles del pase en la víspera del Congreso de abril. Serán también discutidas en la Asamblea de la AMP.

Traducción: Viviana Fruchtnicht




Carta de Estela Paskvan a

Eric Laurent, Jacques-Alain Miller, Lucia D’Angelo




Querida Lucía D’Angelo,

Cher Eric Laurent

Cher Jacques-Alain Miller



Acabo de leer el Comunicado del Compte rendu de la réunion du conseil de l’AMP. Allí se anuncia la posibilidad de que la ELP pueda tener su propio cartel del pase. Si la noticia me ha alegrado mucho, no dudo que compartiré esa alegría con muchos colegas de esta Escuela. Sé la responsabilidad que implica emprender esta vía y seguro que también otros la sentirán.

Si el cartel de la ELP está situado actualmente en el seno de la FEEP por «razones históricas », las instancias de esta Escuela deberán considerar si ha llegado el tiempo de regular un cartel del pase y abrir la vía para hacer efectiva la Escuela del Pase. En ese sentido les hago llegar mis primeras impresiones para contribuir en esa decisión.

1) Creo que estamos de acuerdo en que no se trata de tener un nuevo reglamento y que las instancias brinden por la « autonomía »; eso podría hacerse en pocas horas y « sin disparar un solo tiro » como dicen los generales. Entiendo que apostar por él sí implica inaugurar un tiempo para constituir un verdadero movimiento (palabra de JAM en la Conferencia sobre el pase) en la ELP para reflexionar y debatir sobre el pase y su regulación. Me excuso por repetir mi recuerdo: así como se hizo en la EEP para implantar el dispositivo.

2) Para lograr que todos los miembros y no miembros se vuelvan a sentir concernidos tenemos ahora mayores ventajas. No empezamos desde cero, hay una experiencia de 15 años. Pero lo interesante es que actualmente la podemos examinar desde un nuevo momento que no es cualquiera: es el pase de la Proposición el que estamos interrogando desde otro Lacan. Y en consecuencia, el dispositivo también. No hay peligro de repetir una «doxa». La ocasión es verdaderamente propicia para generar ese movimiento. Y la ELP no estará sola en esto, formará parte del mismo movimiento que recorre otras Escuelas.

3) Ya en distintas comunidades de la ELP hay espacios y debates. Pero también hay que decir que es allí donde comprobamos las inercias locales. La lista ELP-Debates-Nueva Serie se ha mostrado como un excelente instrumento para contrariarlas: la transmisión casi al día de las contribuciones de los miembros españoles y de otros colegas que aparecieron en los JJ han producido animación. Pero sabemos que eso no alcanza si nos comprometemos en este nuevo paso.

4) Como comuniqué a Eric Laurent y Lucía D’Angelo después de la Conferencia sobre el Pase, el actual cartel se ha comprometido en la animación del debate en la medida de sus posibilidades. Estamos en una posición que conviene, suficientemente deslocalizada como para no entrar precisamente en las inercias locales. El próximo 6 de marzo nos reuniremos y entonces conversaremos sobre próximas intervenciones. El Consejo de la ELP puede contar con nosotros a la hora de pensar planes de acción para la corta y larga duración.



Los saludo con afecto

Estela Paskvan

10/2/ 2010





Un debate abierto que vivifica la ELP

Hebe Tizio



La lectura del Comunicado del Consejo de la AMP en lo referido al pase da continuidad a un debate abierto que vivifica la ELP. Ello permite constatar, una vez más, que la función del dispositivo del pase va más allá de la verificación de la producción de un analista, pues cada vez que se lo toca en la discusión se genera un borde liberador de energía.

Siempre me he sentido concernida en la Escuela del pase, seguramente porque para mí la referencia ha sido la Escuela Una, porque cuando fui nombrada AE lo fui de la Escuela Una. Además siempre pensé que por su definición como vacío e instrumento para luchar contra la inercia de las escuelas, el cambio debía gestarse a partir de ella. Esto sin duda porque su función está en resonancia con el hecho de que para mí lo que mantiene la posición del analista es su posición como analizante, el modo de tratar sintomáticamente la tendencia a la inercia de lo incurable del modo de goce. No creo en carteles nacionales ni autonómicos, porque no son esos los significantes que convienen al discurso analítico. La cuestión de las escuelas y menos la del pase nunca se ha planteado en esos términos ya que la “geografía” del campo freudiano no ha sido la de las fronteras del discurso del amo. Es un mapa alrededor del A barrado, de allí que la pluralidad de las escuelas tuvo siempre como contrapunto a la AMP y al agujero de la Escuela Una. Lo que las anuda y agujerea.

Si el pase es de la Escuela Una es deslocalizado. Si de lo que se trata es de la localización del dispositivo hay que saber si es necesario y si es el momento oportuno para asumirlo desde ELP. Se trata de una interpretación.

¿Efectivamente lo pide la ELP? Será el movimiento de la escuela sujeto el que permitirá hacer emerger el deseo en juego para concluir sobre el cambio.

En el Comunicado se dice, en referencia a la creación del cartel, que el Consejo AMP “estará atento a sus consecuencias, particularmente sobre el número de candidatos que se presentarán al dispositivo del pase en España”.

Sin duda que la Escuela de Lacan sostiene su deseo de pase con un cartel que es tal en la medida que elabora los trozos de real que los pasantes ceden y los pone en circulación no sólo al interior del campo freudiano, sino como decía Lacan, fuera de él también. Sin embargo, no creo que las pocas demandas de pase se deban a la falta de un dispositivo propio de la ELP. Sí pienso que la conversación sobre el tema podrá servir para vivificar y causar el deseo de pase y, fundamentalmente, relanzar el tema de los finales de análisis, la necesidad del colegio del pase, de la producción de saber alrededor del agujero.

Por eso creo que hay que diferenciar lo que sería una necesidad lógica de un cartel del pase en una escuela lacaniana del aumento del número de candidatos. Insisto en que esto podrá suceder si hay en juego un deseo de pase resonando en la escuela sujeto.

Es el momento en el que todos estamos convocados, cada uno con sus responsabilidades, instancias más que incluidas, para conversar sobre estas cuestiones en el marco del afectio societatis.



Hebe Tizio





La Escuela del pase

Montserrat Puig



El Consejo de la AMP ha recogido en su último Comunicado la posibilidad de que la ELP tenga un cartel propio del pase. No creo que se trate de hacer simplemente un reglamento nuevo, eso no tendría gran alcance, sino de relanzar la experiencia de la Escuela del pase. Repetimos que no hay Escuela sin pase ni pase sin Escuela. Este nudo se nos presenta, una vez más, sobre la mesa como central a nuestra experiencia de Escuela. Tenemos la posibilidad de, en un movimiento que implique a toda la escuela (instancias, miembros, socios de sede y “recién llegados”), poder renovar los interrogantes que atraviesan su experiencia: Cómo se analiza hoy, cómo se terminan los análisis, qué es un analista, el pase clínico, el dispositivo del pase. La Escuela, más allá de su vertiente asociativa cuyo buen gobierno se hace imprescindible para su existencia, se nos presenta una vez más en las preguntas cruciales a cielo abierto.

Para ello si bien toda la escuela está convocada, seguro que el Consejo y el actual cartel hispanohablante del pase de la FEEP sabrán animar las condiciones, contando con la experiencia acumulada de los últimos años, para orientar el debate necesario para la gran conversación en la que estamos. Un debate que deberá ser, a mi entender, transversal a la organización en comunidades de la ELP, de nuevo lo múltiple en nuestra Escuela nos llevará a inventar, y evitar así el encierro en las inercias locales que lleva al adormecimiento de lo vivo de las cuestiones cruciales.

Me alegro de la nueva oportunidad que se nos abre. El Congreso de la AMP en abril con la Asamblea y la gran conversación será sin duda un momento de escansión y nos permitirá conversar con la amplia comunidad que forman los miembros de la AMP. Otras escansiones serán también necesarias antes de concluir. Todo ello se producirá si nuestro deseo nos empuja en la dirección de la Escuela del pase que es sin lugar a dudas la dirección de la Escuela Una encarnada en cada una de las escuelas.



Montse Puig

10/2/2010





¡Bienvenida sea la Edad del deshielo!

Julio González



La lectura del Compte rendu de la réunion du Conseil de l’AMP de enero de 2010 me ha producido un efecto de alegría, que se deriva en primer lugar del siguiente argumento: "las demandas que emanan de la ELP de tener un cartel del pase propio a la Escuela son coherentes con la propia idea de una Escuela de Lacan, en tanto que es una Escuela del pase". Encuentro en esto una interpretación que tiene un efecto de vivificación, de apuntar a lo vivo, y que nos sitúa en un horizonte de Escuela.

Así mismo me parece que si la Escuela de Lacan es la Escuela del pase, se trata ahora de poner en el corazón de la ELP el dispositivo del pase y lo que conlleva así como de responsabilizarnos de sus consecuencias. Contar con un cartel de la ELP apunta a esto, y en ello también encuentro mi alegría.

De dicho Compte rendu me parece crucial el punto siguiente: "Si las instancias de la ELP consideran que ha llegado para esta Escuela el tiempo de tener su propio cartel....." ¿Es el tiempo de tener nuestro propio cartel?, me pregunto. En este punto me parece que nos podemos remitir al último comunicado del Consejo de la ELP, en donde se señala que estamos en el momento de reconstrucción de la Escuela.

Evocando un texto de Gil Caroz aparecido en el Journal des Journées nº 88 [El Debate de la ELP Nº 32] apostar por constituir un cartel del pase propio a la ELP reintroduce en la Escuela la dialéctica del Uno y lo Múltiple, dialéctica que descongela el silencio y relanza la conversación. Es decir, permite reconstruir la Escuela en torno a S de A barrado, pone en el corazón de la ELP el agujero innombrable del no-saber.

Así que ¡bienvenida sea la edad del deshielo!



Julio González

10/2/2010





Experiencia-contraexperiencia

Gustavo Zapata

(NEL-Caracas)



La NEL será nueva, pero no sin historia... (Una amiga)



En el año 2000, el viernes 16 de junio, el número 9 de La Quotidienne consigna una carta de Jacques Alain Miller a la lista INES (Iniciativa Nueva Escuela) fechada el 1 de junio, en la que detalla sus propuestas acerca del documento fundacional que debía servir de pacto simbólico para la NEL. Explica que para esta ocasión, para fundar una Escuela se requiere un documento de este tipo por la pre-existencia de la ECFC, y dice:

“Lo difícil es desprenderse de esta experiencia pasada para abrir nuevas sendas. El vínculo analítico en toda la región se fundó sobre la ECFC, bajo distintas formas, desde las pertenencias individuales hasta la conexión de grupos asociados y el Pacto de Caracas. Entonces, la fundación de una nueva Escuela está determinada por lo que fue la Escuela de Caracas. A la vez, la nueva Escuela no puede inscribirse como una continuación de la antigua, que está muriendo de un exceso de transferencia negativa, tampoco como su Aufhebung, sino como su contra-experiencia, tal como la Escuela de la Causa fue la contra-experiencia de la Escuela Freudiana de París. Lo interesante en mi opinión seria hacer del documento la carta de la Escuela en tanto contra-experiencia.”

¿Qué significa que “la fundación de una nueva Escuela está determinada por lo que fue la Escuela de Caracas” y, al mismo tiempo, “no puede inscribirse como continuación de la misma”? Pues, a mi modo de ver, significa que ir de una a otra pasa por la elaboración de “lo que fue”, que no es otra cosa que su conversión en resto fecundo. Y, si convenimos en ello, entonces “lo que fue” no puede caer bajo el peso de la represión, porque, lección freudiana elemental, lo reprimido retorna. Es decir, si queremos efectuar la contra-experiencia de la ECFC, es esencial hacer de la experiencia de la ECFC resto fecundo, ni tabú ni fetiche.

Y como hemos sido invitados por el Comité Directivo de nuestra Escuela a hablar en primera persona, he tomado la decisión de compartir con todos lo que de resto fecundo queda para mí de la experiencia en una Escuela del pase, esto es, la ECFC, a ver si logramos cernir algunas coordenadas mínimas que nos permitan realizar la NEL en tanto contra-experiencia de la ECFC.







Primer viraje: la instalación del dispositivo.



El año de 1992 fue un año acontecido. Trabajamos mucho en la preparación del encuentro internacional Estrategias de la transferencia en psicoanálisis y el punto culminante fue la sesión del seminario hispano-parlante. El tema: Fin de Análisis, que era el tema del siguiente encuentro en París. El 28 de julio la Escuela tuvo una reunión con Jacques-Alain Miller para la instalación del dispositivo del pase, lo que dio pie para una serie larga de reuniones en la que participamos todos, miembros, asociados y esos que en esa época llamamos “participantes”, desde octubre de ese año. Con rigor, muchas preguntas y pocas respuestas, con la única brújula de un deseo decidido de pase, comenzamos un trabajo arduo, con tres seminarios internacionales dedicados enteramente al tema del dispositivo del pase y el final del análisis, que culminaría en 1994 con la elección del primer secretariado del pase, la primera lista de pasadores y el primer cartel del pase. Para mí fue fundamental, y tuvo consecuencias directas en mi posición en la institución, en el dispositivo de la cura (como analizante y en mi autorización como analista) y en la vida, cambió radicalmente mi relación con la escucha, la escritura y el saber para siempre, en particular a partir de mi papel como escriba de las actas del debate. Es lo que puedo llamar sin duda el primer viraje. Toda la Escuela, sin excepción, se movilizó para la instalación del dispositivo. De ello da cuenta la ingente y calificada producción de los miembros y asociados aparecida en El Correo de la ECFC, desde el editorial del número 10 (noviembre de 1992) a cargo de Ronald Portillo (Momento de franqueamiento), hasta el escrito Mi experiencia en el cartel del pase de Lupe Tobía en el número 27 (enero de 1998), con dos números dedicados especialmente al tema (el número 13 Umbrales del pase, y el número 15 Pase y Escuela en la AMP, enero y octubre de 1994, justo antes y justo después de la instalación formal del dispositivo). Como estaba previsto desde el año 1992, los carteles del pase incluían un éxtimo para la consideración de los testimonios. Así, a Genévieve Morel, Collette Soler y Rosa María Calvet, que estuvieron en Caracas antes de la instalación del dispositivo, se sumaron Pierre Naveau, Bernardino Horne, Eric Laurent, Esthela Solano, Pierre Gilles Gueguen, Miquel Bassols y Jacques Alain Miller, desde el 94 y hasta el 98. Su paso por la Escuela quedó debidamente registrado en los números respectivos de la revista Entredichos. Sin descuidar su lugar de interlocutor en la cultura y en la ciudad, atendiendo las exigencias del paso dado en el 92 con la creación de la AMP, y los crecientes compromisos adquiridos con las demandas de trabajo de los colegas de la región, la Escuela continuó su trabajo de elaboración en torno al dispositivo del pase, ya como experiencia en curso, con la mayor seriedad, discreción y prudencia.



Segundo Viraje: el dispositivo en funcionamiento.



De acuerdo a mis notas de la reunión institucional con Miller el 28 de julio de 1992, desde el vamos el dispositivo de Caracas estaba bajo la égida de La pregunta de Madrid (Uno por Uno nº 17, 19-23, abril 1991), por lo que, debido a la coyuntura precisa de la época de su instalación, lo que se denominó la ampliación del ámbito de la ECFC, el dispositivo funcionó como puerta de entrada a la Escuela, lo que implicó que algunas demandas de pase estuvieran articuladas a la entrada a la Escuela o desembocaran en ello. Se debatía intensamente en todas partes la tesis del “momento de pase” en la cura, por cierto, a mi manera de ver, antecesor directo de la tesis actual de los ciclos.

En un determinado momento, con ocasión de un evento de Escuela, me entero que he sido designado pasador, obviamente por la solicitud de un pasante que desea convenir conmigo las condiciones para rendir su testimonio, tal y como estaba previsto en el reglamento. Hubo tres tiempos en mi reacción: la sorpresa, el vértigo, la responsabilidad.



La sorpresa.



Por haber leído toda la bibliografía disponible, estaba familiarizado con una cierta teorización del papel del pasador en el dispositivo. Placa sensible, el pasador transmite una marca que recoge en el testimonio del pasante que permite al cartel verificar un franqueamiento, en palabras de El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, consiste en hacer pasar al cartel el color del disco del pasante. Hasta ahí todo bien, la teoría es clara. Pero fue muy distinta la experiencia de vivirlo. Estar allí, como los prisioneros del cuento, calculando...



El vértigo.



No es un cálculo colectivo, como el del Cartel del pase. El cálculo del pasador es solitario y no tiene otro referente que su posición des-sujetada respecto de la palabra. Por razones de estructura, la angustia ligada al descubrimiento de mi condición de pasador introdujo una sensación de vértigo por las viejas amarras de goce que comenzaron a deshacerse en la cura, dando paso al consentimiento. A la escucha del testimonio del pasante, al cribado de mi trabajo como pasador, a un cierto desapego de la palabra propia.



La responsabilidad.



La tarea del pasador es de mucha responsabilidad, y exige un alto nivel de compromiso con la causa analítica, con el pasante, y con la Escuela, en ese orden, al menos para mí. Asumir esa responsabilidad implicó para mí una nueva relación con la palabra, escrita y hablada, propia y del otro, que incidió de un modo sustantivo en el trabajo de presentar el testimonio ante el Cartel del Pase, y más allá, en mi práctica, mi relación con la Escuela y con el Otro. Me sentí útil, en el sentido de herramienta, y, además de novedoso, fue entusiasmante. Fue, superados la sorpresa y el vértigo, el segundo viraje. Fui escuchado por el cartel de modo respetuoso, inquisitivo, muy interesado en la reducción epistémica del testimonio, de una manera que me permitió captar el poder formidable del dispositivo inventado por Lacan, a la vez que me sentí íntimamente satisfecho de ser parte de un útil tan refinado.



A manera de conclusión, para empezar...



¿Qué puedo condensar de lo dicho a manera de eje para un debate? Primero, que el pase como dispositivo institucional tiene un poder enorme, sólo con ponerlo a circular como pregunta. Por ejemplo, la ECFC tenía El Correo de la Escuela, que hasta el año 92 contaba 10 números, poco más de uno por año desde su fundación. Después del 92 y hasta su disolución, más o menos en el mismo tiempo, se cuentan 21 números, entre dos y tres por año. Y no sólo se trataba de cantidad. Segundo, que el pase subvierte el orden institucional vaciando del sentido que las organizaciones analíticas dan a la pregunta ¿qué es un analista? bien por el ángulo de las identificaciones a los lugares de gestión y/o políticos, bien por el de la prestancia de los recorridos, bien por las destrezas particulares, lo cual produce no poca conmoción. Y tercero, que si es cierto que el dispositivo tiene estas consecuencias, entonces la Escuela del pase debe contar con fórmulas o mecanismos ad-hoc que permitan recoger de la buena manera esos efectos. Lamentablemente, la ECFC no pudo contar con eso, a mi manera de ver, por el efecto brutal de la crisis de la AMP en el '98, que se sumó, contingentemente, a la subversión que operó el pase en su estructura. Pero ese es otro tema. Ya habrá tiempo para debatir al respecto.

PS.: Al filo de concluir este pequeño texto, veo la nota de mi amigo y colega Mario Elkin Ramírez. Saludo su bien-decir y celebro su incorporación al debate.





¿Qué consecuencias para una invitación-interpretación?

Susana Dicker

(NEL-Guatemala)



Inicio unas breves reflexiones recordando las palabras de Judith Miller en su discurso de apertura de Enapaol, cuando cita lo que considera una interpretación de Jacques Alain Miller, de octubre de 2008; un axioma al que da valor de interpretación: “Lo que forma a un analista es su propio análisis, no el análisis de los otros”. Pero- agrega Judith Miller- “sin las consecuencias de esta interpretación, ésta se vuelve una tautología”.

Sabemos que hubo consecuencias. Noviembre de 2009 nos despertó a todos desde las jornadas de la ECF, las de Valencia y la semana en Buenos Aires. Nos despertó de nuestra vigilia de neuróticos- como diría Jacques Lacan. De allí a la fecha, hay todo un movimiento que puede dar testimonio de ello. Un “movimiento analizante”, como lo nombra Eric Laurent, del que no es ajena la iniciativa de nuestro boletín. Un movimiento que es respuesta a la propuesta de “desmasificación de la enunciación”.

Primera reacción de mi parte: ¿cómo pensar esa “desmasificación de la enunciación” si ella, por definición, por la relación tan singular con el inconciente, se supone “desmasificada”?

Luego el nombre de nuestro boletín: “En primera persona”. Sabíamos que la invitación era al sujeto de la enunciación. Pero el yo del enunciado -aunque atrapado en sus propios espejismos- también es primera persona, como lo es, aunque en plural, el nosotros de la identificación en los grupos. Es lo que nos enseñó la gramática, pero también la teoría y la clínica psicoanalítica y nuestra experiencia institucional, cuando ambos están siempre prestos a aparecer desde las trampas de lo imaginario.

Entonces la inquietud y la pregunta: ¿Podría mantenerse la distancia entre el enunciado y la enunciación en nuestros decires? Distancia clave para consentir la entrada en análisis. Distancia clave para decirse analizante. Los analistas ¿podríamos sostener el bien-decir que se espera de su posición analizante cuando la oferta que se nos abre es producir la conversación en la Escuela?

Preguntas básicas, elementales, antes incluso que las que pueden llevarnos a pensar las cuestiones que al pase se refieren.

La experiencia en Buenos Aires, la sobriedad de los testimonios de los AEs y de los que no lo son; el deseo renovado por la Escuela, por el psicoanálisis, por el propio análisis en los que estuvieron allí presentes y regresaron a sus sedes -algo que se hizo manifiesto en la sede de mi ciudad, en la Noche de Escuela con la que abrimos las actividades del 2010- todo ello permitió que cedieran los temores encerrados en esas preguntas y dieran paso a un optimismo que confía en el compromiso con nuestra posición analizante, en la responsabilidad de cada miembro respecto a su formación y al lugar que le compete en la Escuela.

Las preguntas de Lizbeth Ahumada en el número uno del boletín desafían la inercia en la que caemos tan fácilmente. Y lo dice bien: no es que tenga que haber ya, ahora, pronto, en la NEL, AEs. No es sacarlo de nuestra perspectiva, pero sí admitir un tiempo lógico también para la Escuela. Se trata más bien de hacer de la nuestra, una Escuela de analizantes, el ejercicio analizante en los testimonios de la clínica y en el decir sobre nuestra relación al inconciente. Despertar a “la masa dormida” cita Juan Fernando Pérez a Miller, “hacer de ella la mejor política que el psicoanálisis puede darse hoy”, como leemos en la conversación de la ELP.

Me leo y pienso: una invitación a la enunciación, a la primera persona y ya he citado a tantos referentes. Pero es ese un trabajo en la Escuela como Escuela Una, donde lo Uno y lo múltiple pueden entrar en una consonancia epistémica sin borrar las diferencias en la enunciación.





Efectos de la política de la enunciación

Claudia Velásquez

(NEL-Medellín)



Aun con imprecisiones sobre lo que significaba “una política de la enunciación”, me aventuré a dar cuenta, mediante un texto escrito, de un pasaje de mi experiencia como analizante, con la fantasía de enviarlo al congreso y de poder leerlo allí en el mes de abril. No sé aun si la fantasía se realice pues será el texto quien hable por mí ante los lectores que hagan la selección, pero el empujar las palabras producidas en una sesión de análisis, hasta llevarlas a un escrito dirigido a una comunidad analítica, produjo ya su efecto. Me refiero a dicho efecto en los siguientes tres puntos:

1. Hacer pasar de un registro a otro:

Tomar un fragmento de la experiencia de análisis para ser transmitido a otros, implica ir de la pura experiencia al lenguaje del Otro, del goce solitario del dispositivo analítico, al deseo de ser escuchado-leído, por otros.

2. Causar lo posible:

En tanto no ha habido final de análisis, se ha dado la imposibilidad de la transmisión de lo subjetivo instalada quizás por la idealización del pase que incluye los fantasmas de exigencias inalcanzables de formación. Dicha imposibilidad cesa y al cesar lo imposible, aparece entonces la posibilidad de que algo del análisis y del sujeto, pase.

3. Una apertura al análisis:

Se abre un camino de posibilidades: hacer con otros momentos y acontecimientos del análisis, aun mudos, guardados, acumulados, este trabajo de elaboración para hacerlos hablar y con ello, también, obtener nuevas ganancias de saber







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[1] N.de T: “actualidades que se hacen sentir”, se refiere a las actualizaciones necesarias en cada momento, a las necesidades coyunturales.
BICENTENARIO

REPÚBLICA ARGENTINA



1810 - 2010






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" CIEN AÑOS DE PSICOANÁLISIS EN LA ARGENTINA "


17 de abril, 2009






Un siglo de historias e histerias
“La historia que vendrá habrá convertido los testimonios,
las memorias y las demás producciones ‘militantes’ de los diversos grupos
en una nueva dimensión de la historiografría argentina”,
sostiene el autor



Por Germán García *


En 2005, Graciela Avram publicó una sátira, breve y documentada, sobre las terapias alternativas al psicoanálisis. Cuando se la lee aparece una diferencia con lo que acontece, por ejemplo, en Francia. Si allá las terapiascognitivasconductuales (TCC) se proponen como máquinas de guerra diferenciadas, entre nosotros se construyen por asimilación simplificada del vocabulario del psicoanálisis. Es decir, para entender el estado de la cuestión en el psicoanálisis actual hay que llamar la atención sobre la asimilación de su práctica a la psicología. Eso lo muestra ya desde el título el excelente libro de Alejandro Dagfal: Entre París y Buenos Aires - La invención del psicólogo. De paso, vemos que la mezcla de psicoanálisis y psicología tiene su marca de origen en Francia; en este punto es muy claro Michel Foucault en una entrevista de 1965 realizada por Alain Badiou, donde explica que la “psicología” surge de la filosofía y que encuentra en el psicoanálisis la posibilidad de conmover los fundamentos filosóficos, porque realiza una experiencia autorizada por el descubrimiento del inconsciente, que valida esa misma experiencia.



Sigmund Freud propuso para la educación del analista la realización de un análisis, el conocimiento exhaustivo de la doctrina y el control regular de su práctica.



Jacques Lacan extremó estas exigencias. Digamos, aunque sea de paso, que los modos de organización y nominación del analista –más allá de la habilitación del Estado– es una de las claves para la comprensión del estado de la cuestión.



La historia como histeria



Si en 1910, en los festejos del Centenario, Germán Greve presentó las doctrinas de Sigmund Freud en un Congreso Internacional de Medicina e Higiene, en el Bicentenario vale la pena llamar la atención sobre el recorrido y sus resultados actuales.



En las primeras décadas del siglo pasado, con el trasfondo del positivismo, el psicoanálisis había interesado a médicos psiquiatras. Pero su práctica no era incluida en esta curiosidad. Thomas F. Glick, de la Boston University, registra que en España la influencia del psicoanálisis comienza por un cambio de hábitos en la práctica médica: en las fichas de los pacientes se anotan datos de su historia infantil.



Después de 1930, condenado por la URSS, el psicoanálisis es abandonado por los psiquiatras en unos casos, en otros se intenta relacionarlo con la reflexología.



Es Angel Garma, entre otros, quien instala el estatuto del psicoanalista –copiado del que se impuso en Nueva York– subordinado a la medicina. Es un psiquiatra, Miguel Kohan Miller, quien rechaza esta subordinación. Como psiquiatra, es psicoanalista y punto.



Estas historias no pasaban del testimonio personal, de la memoria colectiva, de la hagiografía grupal.



Cuando en 1970 me interesé por el tema sólo encontré una historia de la psicología en América publicada en 1954 por I. A. Foradori, y un libro breve de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) con semblanzas de los fundadores y la información sobre el “ejercicio legal” de la profesión.



Había historias de la psiquiatría, también de la psicología, pero era poco lo que se encontraba sobre el psicoanálisis.



Y, sin embargo, el psicoanálisis estaba en las revistas, en la radio, en la televisión, en el cine.



En algunas tendencias, como la encabezada por Jung, había adeptos de la alta cultura mezclados con otros de los arrabales culturales del ocultismo.



La entrada del psicoanálisis en la Argentina era un libro documentado, pero no intentaba ser un libro de historia ni cumplir con las exigencias de esta disciplina.



Era parte de esa historia-histeria y quería minar el mito fundacional del psicoanálisis relacionado con la IPA, a la vez que criticar sus postulados y hacer propaganda para las propuestas de Jacques Lacan. Y fue, sin querer, un libro bisagra entre la histeria de aquellas pasiones y la historia de “verdad” que se empezaría a escribir.



La historia que vendrá



“Para precisar mi tesis –escribe Koselleck–, los pronósticos son sólo posibles porque hay estructuras formales en la historia que se repiten, aun cuando su contenido concreto sea en cada caso único y sorprendente para los afectados.” Suscribo esta tesis porque el psicoanálisis conoce diferentes momentos de internacionalización y, en cada caso, pagó el precio de una transformación que modificó tanto su política como su experiencia clínica y sus elucubraciones explicativas. Ocurrió en el pasaje de Viena a Zurich, después con su entrada a Inglaterra y Estados Unidos, por último en Francia y diferentes países de la lengua castellana.



Hans R. Jauss estudió, de manera brillante, este juego de transformaciones que se produce entre lo exótico de la novedad y las condiciones de aclimatación. El resultado no arroja algo idéntico, pero tampoco es otra cosa. Se plantean problemas que son homólogos a los de la traducción. El cambio de contexto es un cambio de sentido. La aceptación de Melanie Klein en Buenos Aires, como lo ha mostrado Horacio Etchegoyen, tiene una importancia de la que carece en otras ciudades donde el psicoanálisis existe con la misma intensidad.



La historia que vendrá tiene trazado algo de su horizonte en los trabajos de Hugo Vezzetti, Hugo Klappenbach, Mariano Plotkin, Sergio Visacovsky, Alejandro Dagfal y otros.



Es una historia que promete superar la histeria, que se propone describir las divergencias sin preferencias por los nativos de las diferentes “tribus”, que hará de cada versión una carta en el mazo de la historia.



Pero dentro de esa historia ya existen diferencias. Si Elizabeth Roudinesco prologa el libro de Alejandro Dagfal, la Asociación Española de Neuropsiquiatría mantiene relaciones de intercambio con el equipo de Historia de la Psiquiatría impulsado por Juan Carlos Stagnaro, cuya actividad editorial ha permitido que los nuevos psicoanalistas lean los clásicos de la psiquiatría que encontramos en la tesis de Jacques Lacan y en tantos otros trabajos fundamentales que ampliaron el conocimiento del psicoanálisis, a partir de lo que dejaba aprender la experiencia de la psicosis.



Los actores sucesivos –psiquiatras, médicos, psicólogos– ahora operan de manera simultánea en la configuración del psicoanálisis. El estudio de estas transformaciones está pendiente de una mayor atención en trabajos futuros. En el pasado, la falta de atención de estas diferentes “habilitaciones” produjo cierta ceguera sobre efectos evidentes: los médicos promovían la psicosomática, los psicólogos los problemas de las interacciones “sociales” y los psiquiatras se reservaban el campo de lucha de los aparatos sanitarios donde los demás podían incluirse como “trabajadores de la salud mental”. El psicoanálisis menos comprometido con estas operaciones tuvo también mayor libertad para diseñar sus maneras de inserción.



Dentro del psicoanálisis



Freud en las pampas, de Mariano Plotkin, intentó situar diferentes momentos del psicoanálisis en una perspectiva atenta a la política. Pero para hablar del estado de la cuestión de la historia del psicoanálisis vale la pena tener en cuenta sus rasgos diferenciales. Y para esto contamos con un libro solitario y un poco desplazado de la escena de la historia. Me refiero a El idioma de los lacanianos, de Jorge Baños Orellana, que intentó la primera y única clasificación de los modos de transmisión del psicoanálisis entre nosotros. Son cuatro: “La versión kitsch está puesta al servicio del reclutamiento y la redacción de introducciones para futuros miembros. La resolución de enigmas es el espacio discursivo de las investigaciones monográficas, donde se disciplinan las capas medias. La épica se encarga de contar la historia oficial y de pronunciar las arengas que fraguan la identidad grupal. La neoclásica es el gendarme de las instrucciones del narcisismo intelectual y poético: vigila que cada miembro ocupe su puesto sin comprometer la estabilidad ideológica y jerárquica del lazo colectivo” (pág. 321). Es obvio que el libro de Jorge Baños Orellana introducía en el campo una perspectiva que sorprendía y se valía de una bibliografía que no era frecuentada por los interesados en problemas del psicoanálisis. Será leído en el futuro.



El anclaje de Jacques Lacan en Buenos Aires, el libro de Marcelo Izaguirre demorado por problemas editoriales, realiza una minuciosa red de referencias y conexiones que funcionan como el reverso del libro de Baños Orellana: no trata de los modos que se practican sino de lo que se exhibe, de los deslizamientos y los contrasentidos producidos por las políticas de los grupos y ciertos cálculos elementales de los agentes.



La lógica del testimonio



Sería imposible enumerar la cantidad de testimonios individuales y colectivos producidos por los agentes de la práctica analítica. Desde la Fundación Descartes hemos impulsado más de una actividad y varias publicaciones en este sentido.



E. Carpintero y A. Vainer, con el título Las huellas de la memoria, publicaron dos tomos con ese material testimonial que conduce a cierta paradoja: el testimonio, como el sueño, es inapelable. Es lo que es. Pero al igual que el sueño, está constituido por desplazamiento, inversiones, olvidos y falsos recuerdos. Todo eso configura lo que Freud llamaba una verdad –en el sentido de la novela familiar–, pero su valor referencial debe ser confrontado con algún documento.



Jacques Lacan, cuando define al testimonio, dice que es la máxima proximidad entre el enunciado y la enunciación. Es decir, no lo define por su valor de referencia. Es lo que, desde que existe el pase como procedimiento para extraer el núcleo de un análisis, puede llamarse la verdad mentirosa de cualquier discurso sobre sí mismo. Entonces, es el tratamiento del testimonio lo que lo convierte en historia.



La cuestión institucional



Lo sabemos, Sigmund Freud prefirió crear una Asociación Psicoanalítica Internacional por fuera de las facultades. Creo que conocía el texto de Kant llamado El conflicto de las facultades (1798), que fue analizado con particular agudeza por Jacques Derrida. Para decirlo rápido, el psicoanálisis tiene secretos muy particulares y tiene que enseñar cosas que también son singulares. A la inversa, Kant dice que en una facultad se enseña lo que el Estado quiere que se enseñe. Una historia del psicoanálisis no podría excluir como una cuestión fundamental el estado institucional del psicoanálisis.



La institución analítica, según el programa de Jacques Lacan, no sólo evita fundir el término analista con cualquiera de los títulos habilitantes que cobijan su práctica (psiquiatría, medicina, psicología), sino que pone en funcionamiento dispositivos que impiden que alguien pueda identificarse con la nominación de “analista” a secas. Hay más de un analista. Está el analista practicante que sólo declara su actividad, está el analista miembro reconocido como tal por la institución y, por último, está el analista de la escuela que ha realizado el “pase” que testimonia del recorrido de su análisis.



Una historia del psicoanálisis que ignorase las diferentes maneras que se usan para nominar en cada institución sólo sería la descripción de grupos profesionales heterogéneos y pintorescos y dejaría pasar lo que el asunto tiene de particular: Aquello que convierte al psicoanálisis en una experiencia singular surgida de la tensión entre la filosofía y la psicología (tensión en cuyo trasfondo está la psiquiatría). La incidencia que tuvo esa psiquiatría en la aparición misma del discurso de Freud ha sido estudiada por M. Gauchet.



La trama exterior



La historia que vendrá tendrá que considerar una trama que nunca fue estudiada de manera sistemática: me refiero a las diversas editoriales, a los grupos que las impulsaron, a los libros que tradujeron en cada momento –sea para propagar una corriente nueva, para neutralizar alguna otra, para sostener algo ya existente–, a los traductores que realizaron el trabajo, a los inversores no siempre profesionales del libro, etcétera. No basta conocer los catálogos de Nova, Paidós, Nueva Visión. Existieron, a lo largo de tantas décadas, editoriales ligadas a corrientes políticas (por ejemplo las impulsadas por el Partido Comunista que incursionaban en la psiquiatría para imponer la reflexología y para polemizar con el psicoanálisis). Hubo otras ligadas a la religión, como el caso de la editorial Lohlé, que publicaba al psicoanalista católico Ignace Lepp, entre otros. Existieron y existen las pequeñas editoriales impulsadas por agentes del propio psicoanálisis, con poca importancia en el mercado, pero con la autoridad suficiente como para jugar un papel fundamental en las configuraciones de los grupos que las producen. También editoriales dedicadas a otros temas, pero que tuvieron su colección de psicoanálisis (como la que dirigió Raúl Sciarreta para editorial Corregidor), así como algunos libros publicados por Sudamericana, Leviatán, De la Flor, Catálogos, Atuel y otras.



Falta también una investigación sobre los libros traducidos en España y México importados a la Argentina y sobre las lenguas de las cuales esos libros fueron traducidos.



Una historia del psicoanálisis no puede ignorar la circulación material que sostiene la trama de las actividades de enseñanza del psicoanálisis, cuya proliferación se extiende a diversas ciudades del país. No se trata sólo de Córdoba y Rosario, puesto que la enseñanza del psicoanálisis y su práctica se han implantado tanto en ciudades del norte como del sur del país y lo han hecho con grupos organizados, con publicaciones regulares y en diálogo con la cultura de cada lugar. Al pasar es interesante consignar que cuando se dedican suplementos a las ciudades del interior (por ejemplo, del norte) se recurre al cliché histórico que caracteriza a la cultura de cada una de ellas, a datos turísticos, y se ignora de manera regular la existencia de las redes del psicoanálisis que en muchos casos son una presencia importante en las actividades culturales de esas ciudades. Bastaría mencionar las casi treinta ciudades, que desde Río Gallegos hasta Jujuy, componen el Instituto Oscar Masotta con sus conexiones nacionales e internacionales. Las facultades implicadas en la investigación de la historia del psicoanálisis formarán equipos, realizarán investigaciones, crearán archivos, solicitarán la donación de materiales diversos; si esto ocurre, estoy seguro de que ocurrirá, la historia que vendrá habrá convertido los testimonios, las memorias y las demás producciones “militantes” de los diversos grupos en una nueva dimensión de la historiografría argentina que podrá entrar en el horizonte de expectativas que impulsa en la actualidad un interés creciente por la historia del país.



En conclusión



El estado de la cuestión, en lo que hace a la historia del psicoanálisis en el país, muestra la creciente complejidad de los trabajos que se realizan a partir de las versiones de los “nativos” y de la documentación que comienza a ser clasificada y conocida. A su vez, la posibilidad de una historia parece responder a la importancia que la práctica de esta disciplina adquiere en la actualidad. Lo prueba el hecho de que nuestros invitados externos, que hablan en nombre de la antropología y de la historia, hayan trabajado en universidades situadas en Alemania, Francia y Estados Unidos.



De manera que de los cien años del psicoanálisis en la Argentina se puede esperar lo que se desea: por mi parte, espero de esta actividad una escansión, un nuevo comienzo, que sepa que la autoridad del futuro realiza de manera diversa la transmisión de la autoridad del pasado.



* El texto anticipa la presentación del autor en el evento “Cien años de psicoanálisis en la Argentina”: jornada de debate público organizada por la Secretaría de Cultura de la Nación y la Fundación Descartes, mañana desde las 14 en la Biblioteca Nacional.


[Publicado en el diario Página 12, el Jueves 16 de abril de 2009]
Programa del Instituto Oscar Masotta - Segunda parte - 2009


Escritos, una aproximación intertextual

I. La angustia

A - Neurosis de angustia.
Manuscrito B. La etiología de las neurosis, (1893)-
Manuscrito E. Cómo se origina la angustia, (1894).
Manuscrito F. Colección III, (1894).


Manuscrito J. Señora PJ. de 27 años, (1895).
Sobre la justificación de separar de la neurastenia cierto complejo de síntomas a título de "neurosis de angustia", (1895).
Crítica de la neurosis de angustia, (1895).

B - Angustia y transformación de la libido.
Análisis de la fobia de un niño de cinco años ("Juanito"), (1909).
El psicoanálisis silvestre, (1910).
Historia de una neurosis infantil ("El hombre de los lobos"), (1918).
Lecciones introductorias al psicoanálisis, Parte III. Lección XXV, La angustia, (1917).

C - La angustia como señal.
Inhibición, síntoma y angustia, (1925).
Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis, Lección XXXII, Angustia y vida instintiva, (1933).

II. La pulsión

A - Sexo y vida.
Manuscrito G. La melancolía, (1895).
Tres ensayos para una teoría sexual, (1905).
Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicopatógenas de la visión, (1910).

B - Ego versus sexo.
Observaciones psicoanalíücas sobre un caso de paranoia autobiográ­ficamente descrito, Schreber"), (1911).
Los dos principios del suceder psíquico, (1911).

C - Libido del yo y libido objetal.
Introducción al narcisismo, (1914).
Lecciones introductorias al psicoanálisis, (1916-17). Parte III.Lección XXVT, La teoría de la libido y el narcisismo.
Una dificultad del psicoanálisis, (1917).

D - Ego y muerte.
Los instintos y sus destinos, (1915).
Algunas consideraciones sobre la guerra y la muerte, (1915).
El instinto de muerte.
Más allá del principio del placer, (1920).
El yo y el ello, (1923).
El problema económico del masoquismo, (1924).
El malestar en la cultura, (1930).
El porqué de la guerra, (1933).

F - Resúmenes.
La teoría de la libido (Dos artículos de enciclopedia), (1923).
Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis, Lección XXXII. Angus­tia y vida instintiva, (1933).
Compendio del psicoanálisis, Cap. II. Teoría de los instintos, (1938).
Análisis terminable e interminable, (1937).

Conferencia dictada por Germán García en el marco del seminario clínico 2009 ¨Las Psicosis. Una aproximación a la clínica¨ de la delegación Paraná del Instituto Oscar Masotta.


En distintos momentos Lacan define al psicoanálisis como una profesión delirante y eso no es simplemente un adjetivo sino una definición que él encuentra en un libro de Paul Valery, que ya está citado en su primera tesis de psiquiatría, cuando joven, y nuevamente en el año 56 cuando escribe un texto sobre psicoanálisis y enseñanza. La profesión delirante, dice Valery, se produce entre personas que no tienen otra manera de demostrar la eficacia de lo que hacen que la opinión que otros tienen de ellos. Por ejemplo, frente a un actor, un pintor, un novelista, lo único que hay es quien diga que es un buen novelista, un buen pintor, etc., pero no hay ninguna manera de demostrar porqué ese pintor es bueno, o ese escritor es bueno, o ese analista es bueno. Entonces, esto crea una situación donde cada uno anda por el mundo diciendo yo, yo, yo, yo… y una voz interna le dice al mismo: pero hay un otro, hay un otro, hay un otro, hay un otro… Entonces, el psicoanálisis tiene una imposibilidad de demostrar de una manera “objetiva” sus resultados y mucho menos de lograr crear un estándar de psicoanalista donde cada uno podría ser el equivalente de otro.

De ahí la preocupación que tuvo siempre por crear una institución, un aparato, que permitiese algún tipo de elaboración sobre lo que era efectivamente un análisis. Si ustedes llevasen al estrado judicial a un analista y a un analizante y el analizante dijera: “mire usted en qué estado he quedado yo después de quince años de pagarle a este señor” y el analista puede responder: “pero usted no sabe en qué estado lo que encontré yo a él; quién sabe si estaría vivo si no me hubiera visto a mí”. No hay manera de demostrar ni una cosa ni la otra.

Lacan pensó que había que sacar la discusión de la opinión tanto del analista como del analizante, que la opinión no podía estar en manos de uno u otro. Entonces inventó el pase, que se puso a funcionar en el año 67 y que funciona tropezando, funciona siempre en crisis, como debe funcionar, porque está hecho para poner en crisis las cosas y no para el confort de la institución. Y ese pase es una cosa muy divertida porque tiene algo de carnaval medieval.

En la edad media, en el carnaval, los nobles se disfrazaban de campesinos, los campesinos de nobles, todo se ponía patas para arriba. El pase pone todo patas para arriba porque, de pronto a un ignoto analizante de un analista, que puede ser un tipo conocido, se le ocurre hacer el pase y su prestigio queda en boca de éste. Este analizante se dirige a dos analizantes, que son elegidos por un secretariado, que tienen que ser, según el criterio de sus propios analistas, gente que está a punto de terminar su propio análisis. Esto crea un problema, porque, ustedes se imaginan que le dicen a uno: “¿vos tenés a alguien que pueda ser pasante?” (se dicen el pasante y el pasador), y uno piensa, quizá me puedo sacar de encima a este o a otro, que no se va nunca, porque al nombrarlo pasante el otro deduce que está al borde del final y quizá eso lo envalentona y se va. Es una tentación, porque el pasante tiene que funcionar. Entonces, es incómodo para quien tiene que elegir el pasante, es incómodo para el analista por lo que va a decir su analizante –va a decir lo que quiera, lo que se le antoje, puede delirar…- y es incómodo por lo que van a escuchar los pasadores, ¿qué va a escuchar cada uno? Ese pasante le habla a uno. Son dos, le habla a uno por separado, le habla al otro… se habla una lengua un poco acartonada y se dicen cosas como “yo atravesé el fantasma”. ¿Pero pregunten a uno en qué consiste la experiencia fáctica de atravesar el fantasma? O “me identifiqué al sinthome”. Esto sería la parte clínica, pero no se trata de juzgar clínicamente, sino que también hay un saber que no sirve para nada si está practicado por alguien que no tiene juicio.

Bouvard y Pécuchet, dos personajes de una novela que fue inédita de Flaubert, se ganan la lotería y entonces ponen una granja –de soja ahora que está de moda-. Compran el manual y se ponen a sembrar soja y hacen un desastre porque no saben. Después se compran otro manual y ponen una guardería de niños. Van haciendo desastre tras desastre porque saben, porque saber es fácil –saber es abrir un libro y enterarse- pero el problema es tener juicio. Entonces, hay gente que sabe, pero no es juiciosa; le falta una cierta capacidad de evaluar su propia relación a ese saber y esto es quizá lo que es más complicado para alguien que quiere ser analista: evaluar que él debe saber ignorar lo que sabe. De lo contrario se la pasaría adoctrinando al otro, diciéndole las cosas que él cree que son su verdad. Una vez que estos dos pasantes se han enterado por separado, además de que pueden contradecirse entre ellos porque puede que un pasante sea una chica y que el otro sea un muchacho, puede que quien pide el pase sea un poco obsesivo y entonces rivalice con el muchacho y empiece a decirles cosas propias de cierta infatuación o intente seducir a la chica, haciendo que los discursos que dice a uno y a otro sean totalmente diferentes y entonces el jurado, (son cinco), se encuentra con esos dos relatos. Y entonces uno se pregunta ¿por qué este jurado no va directamente y habla con el pasante y le pregunta qué pasa?

Se trata justamente, dice Lacan, de hacer circular un malentendido, no de aclararlo, porque no hay nada que aclarar. El jurado tiene que sancionar y decir “este va a ser analista de la escuela”, como se llama a quienes hacen el pase. Pero luego viene un problema y es que él tiene que dar testimonio, que es una situación un poco inquietante. De alguna manera se decide un destino porque algunos adoptan una posición de impostura, otros se ocultan detrás de citas y citando crean una mascarada que en verdad es un silencio, porque cuando uno está citando debe saber que no está hablando sino prestando la voz a un texto. Por supuesto, la mitad de la audiencia dice “¡pero, por favor!, ¿cómo se le pudo aceptar el pase a este tipo?” y la otra mitad suele conmoverse. Si quien hizo el pase es una chica, por ejemplo, y cuenta algunas peripecias amorosas y cómo sufrió, alguna separación y cómo al final encontró el amor –algo bueno tiene que haber, no se trata de que sea un analista desdichado y que vaya a hablar del pase llorando- si es así, eso emociona a la parte femenina de la audiencia, aunque siempre hay una parte femenina que dirá “esta es una impostora que nunca quiso a nadie”.

Ahora bien, lo interesante es que, si no tenemos eso, tenemos… nada. Tenemos el prestigio, que como dijo una vez Miller en castellano: “el prestigio es el presti –yo”. Un yo prestado. Un yo prestado por un malentendido que ni siquiera se pone en cuestión, porque si uno se pone una chapa en la puerta de su casa que dice “Doctor Tal”, que no hace ningún lío, va y viene, se sabe que está casado, tiene hijos a los que les va bien en el colegio… debe se un buen médico. El prestigio en verdad no es una garantía de nada. Entonces, el problema que se plantea es qué se hace con una actividad que no tiene otra garantía que el asentimiento de quien la practica libremente. Cuando hay momentos de transferencia negativa en un análisis uno puede recordarle a la persona en cuestión: “este es el único lugar en el que usted entró cuando quizo y también deja de venir cuando quiere”. Quiere decir que está sostenido de deseo, amor, etc. Los malévolos que están contra el psicoanálisis lo llaman sugestión… Tampoco saben qué quiere decir sugestión; todo es un problema de entonación de la voz: “ese tipo sugestiona a sus pacientes”. Pero ¿qué quiere decir que sugestiona a sus pacientes? “No lo sé, pero no debe ser una cosa buena por el tono en el que me lo dijeron”.

La generación de Lacan era una muy simpática, la de Buñuel, Dalí… gente un poco más libre que nosotros, intimidados por la presencia del prójimo. Lacan gran inventor de ironías, dijo que la “banda de Freud” (no lo inventó él, ya Freud utilizaba este término) era como los personajes que aparecen en Viridiana de Buñuel, donde se parodia la última cena. Mendigos que se meten en una mansión haciendo desastres y, todos borrachos, se van poniendo en las posiciones de la cena y son fotografiados por el sexo de una mujer. Una mendiga desdentada se levantaba la pollera; la foto es esa. Es interesante; son mirados por el sexo de una mujer. La banda de Freud, dice Lacan, eran como estos personajes de Viridiana, una banda fotografiada por el sexo de una mujer, la famosa histérica.

Muchas veces he tratado de entender porqué surgió el psicoanálisis en la cultura europea. Porqué surgió además en Austria, en Viena, ligada como está Austria a la cultura alemana de modo tan especial -porque no es exactamente la cultura alemana-. Me asombré mucho una vez que leí que lo que escribía alguien en Viena no se entendía en Berlín, porque el alemán que se hablaba en Viena era una cosa muy rara, comparable a la diferencia entre el castellano nuestro y el de alguien de Castilla. Y llegué a una conclusión, a partir de la lectura de una carta que escribió Freud cuando tenía 17 años, a un amigo que se llamaba Silverstein. Tenemos la costumbre de verlo a Freud como un viejito –todos tenemos nostalgia del padre y esas cosas- pero Freud fue chico también, fue un adolescente que se enamoraba, tenía novia… y era un adolescente extraordinario porque parecía Rimbaud y su manera de pensar era excepcional para la época. Ese amigo, llamado Silverstein, le cuenta una desdicha amorosa: le dice que hay una madre, una mala mujer, que le ha prohibido terminantemente que siga viendo a la hija, que tiene 16 o 17 años y el chico también. Entonces Freud le responde que lamentablemente no puede estar de acuerdo con él, que esa madre es muy sabia.

Vamos a ver la situación: una madre sabe que no basta la belleza de su hija para conseguir un buen partido, que tiene que tener algún tipo de picardía, “algo”, como la sensualidad pero matizado, no como para que digamos “está rifada”. Esto se adquiere en el contacto con los chicos, que a veces se aprovechan. Entonces, esta madre tuvo la astucia de conseguir a alguien que despertara a su hija sin ponerla en peligro –al amigo de Freud- y de sea manera lograr que sea más atractiva y ahora, que cumpliste con esa función de “dama de compañía”, dice –reemplacemos el género- de “damo de compañía”, la madre te dice bye bye. Además, sigue Freud, tu estilo Sturm und Drang, me molesta. ¿Qué quiere decir Sturm und Drang? Es un movimiento romántico y el título de una novela que siempre olvido quién la escribió, que se opone al kantismo. Mientras Kant habla de la moral universal, del imperativo y todo lo demás, el surgimiento del romanticismo es decir “decí lo que quieras pero yo sufro”; “mientras con tus pantuflas, protegido contra el invierno austríaco, delirás sobre las reglas universales, yo no tengo estufa y tengo frío”, le dice Hamann a Kant.
El romanticismo reivindica la singularidad, la particularidad. Nosotros somos románticos: Echeverría, Alberdi… el romanticismo político caló muy hondo en toda Latinoamérica; por eso tenemos esos líderes, charlatanes, porque son gente del romanticismo a la que les gusta hacer discursos, emocionarse… y son poco eficaces; no tienen la sombría perspicacia criminal de los gobiernos que llegan en el primer mundo: el movimiento romántico, que va a descolocar el lugar de las mujeres en la sociedad.

Si el coraje masculino se probaba en el duelo (en una época en la que esto estaba muy de moda, los estudiantes probaban su coraje haciendo duelos) el coraje femenino era romper las reglas sociales. Así como un tipo que dice, “yo te amo, pero tengo mis hijos, mi señora y no puedo romper mi hogar” y se opaca así con su cobardía, la mujer dice “qué me importa mi marido, mis hijos y todo eso que me impone la sociedad…” Las mujeres se inventan un coraje sexual. Freud se encuentra con mujeres que decían “mi tío me apretaba atrás de la puerta cuando tenía 8 años”, “mi padre se quiso meter en mi cama cuando era adolescente”. Las famosas escenas infantiles de seducción. Dice que las neurosis tienen como causa los problemas traumáticos infantiles, producidos por abusos y cosas así. Sus oyentes dicen: “nos viene a acusar a nosotros de que somos de lo peor”.

Siguiendo el tiempo, Freud viene a notar que el trauma y la fantasía no se oponen, que una fantasía es un acontecimiento que puede ser tan traumático como un hecho real y descubre las famosas fantasías sexuales infantiles. Hay una novela muy divertida sobre la vida de Freud, donde Freud despierta y le dice a la mujer: “ahora sé cómo son las cosas: no es verdad que los adultos se aprovechan de los chicos; los chicos tienen fantasías sexuales con los adultos”. Y la mujer le dice: “Sigmund, hace 15 años fuiste a decir que los adultos abusaban de los chicos y casi nos echan de Viena ¿y ahora vas a decir que los chicos son perversos? ¿Qué querés, que nos maten?”.

Se trata de este “descolocar” de las mujeres… Con el título de “La pequeña K” publiqué un caso que es epistolar, entre Lou Andreas-Salomé y Freud, de una chica que ella atendía, de unos 17años, que saltaba como una pulga de una cama a la otra. La Salomé ve a Freud un poco moralista, le escribe que es una chica con una gran libertad sexual y esto a Freud le molesta porque era bastante de encarrilar a las mujeres, no de dejarlas hacer cualquier cosa. Casaba gente; tenía un paciente que era Félix Deutsch -un poco pesado, ingeniero- y a Helen que era al revés; los presentó para que se equilibraran y se formó un matrimonio. Esta paciente de Lou Andreas-Salomé, finalmente, tiene un síntoma que a Freud lo alegra, porque prueba que la libertad sexual no cura los síntomas, contra Wilhelm Reich que sostenía algo así como que el orgasmo curaba todo. “Este caso –dice Freud-muéstreselo a su amigo Wilhelm Reich para que vea que se puede tener libertad sexual y también síntomas neuróticos”. Dando una idea de lo que pensaba, el sexo no era todo.

Freud utiliza el Sturm und Drang dos o tres veces para referirse a la adolescencia, que como tal no aparece casi nunca, más bien habla de metamorfosis o cambio físico de la pubertad. Y sin embargo, todas las pasiones y tormentas pasionales de las personas, se debe a este período de la vida que es Sturm und Drang. Hay que recordar que cualquiera de las heroínas o héroes románticos eran adolescentes. En el “Despertar de la primavera” de Wedekind, la chica que se suicida era de 14 años.
Para sintetizar esta parte, el psicoanálisis es un intento de ampliar la razón ilustrada para incluir las pasiones románticas. Creo que esa es la hipótesis de Freud. Por eso se separa de Jung, porque éste piensa al revés: se trata de destronar a la razón ilustrada y volver a las pasiones, los mitos, algo un poco oscurantista. Para Freud la cosa es dejar hablar a esas pasiones para encontrar una racionalidad que, ampliada, las incluya. Pero de ninguna manera era –como muchos decían- una defensa de la irracionalidad versus la racionalidad. Lacan tiene un título “La instancia de la letra en el inconciente o la razón después de Freud”. La fábula de Lacan es qué pasa con la racionalidad después de Freud. Por eso tiene sentido hablar de las posiciones delirantes, de los delirios…

Lacan decía que la banda de Freud eran “locos literarios”. Pero, ¿qué quiere decir “locos literarios”? Porque a Lacan, como decía uno de sus enemigos es difícil criticarlo porque, lo que dice lo dijo otro. No hay nada que criticarle. “Locos literarios” es una expresión de Raymond Queneau, que era matemático y escritor, y quería hacer una enciclopedia ordenando las distintas estructuras de los textos de locos. Finalmente no se pudo hacer, excepto en una primera parte que se llama “En los confines de las tinieblas: Los locos literarios”. Vamos a ver qué quiere decir un loco literario. Cuando Lacan dice que los psicoanalistas eran locos literarios no está insultando -lo mismo con las profesiones delirantes- sino haciendo una referencia muy concreta a este libro. Pero ¿por qué alguien es un loco literario? Raymond Queneau es de una gran importancia.

En Francia existe la costumbre de hacer instituciones fuera del aparato del Estado. Uno entra a una comisaría y anota: según la ley 1901, voy a hacer una asociación de locos literarios. Se anota, se anoticia al Estado de que se va a hacer eso. Es una de las libertades, la de libre asociación, ganadas por la Revolución Francesa. Esto ha hecho que todo el siglo XX francés esté ordenado por instituciones paralelas. Por ejemplo el Colegio de Sociología, donde estaban Klosovski, Bataille, Queneau… Este colegio de sociología elaboraba una serie de cosas que la universidad ni sabía que existían y quizás se enteraba 20 años después. Acá hubo una cosa parecida que fue el C.L.E.S. el Colegio Libre de Estudios Superiores; en 1930 cuando sube Uriburu, todos los ilustrados liberales se van del aparato universitario y fundan el CLES, sobre el modelo francés, que formó durante tres generaciones los cuadros políticos de la Argentina, especialmente aquellos que no estaban de acuerdo con los gobiernos militares (Frondizi, Borges, etc.)

El CLES creó algo muy interesante para la universidad argentina, porque quienes iban ahí eran por lo general más cultos que los otros, porque los militares cuando tomaban el poder lo primero que hacían era poner a los curas y todos sabemos que los curas tienen un cariño especial por la Biblia, pero no es el único libro que hay, también hay otros. Como consecuencia la educación se resiente un poco porque se busca más la instrucción moral que la transmisión de los saberes contemporáneos. Entonces, estos eran mucho más ilustrados y cuando volvía nuevamente el gobierno civil sacaba los profesores del CLES. Por eso se encuentran rectores, etc., que no tenían el título de una Facultad que dirigían. Klimovski, que acaba de morir, no tenía el título porque se fue de la Universidad en una situación así y se formó fuera. Tomás Simpson se formó en Inglaterra, se escribía con Quine y con los grandes lógicos, aunque nunca terminó su carrera de lógico en la Argentina. Esto crea una situación que hace que uno sea muy sensible a este tipo de organizaciones, porque Lacan mismo hace eso cuando se pelea con la IPA. Hace una Escuela y no una cátedra en la facultad.

Este Colegio de Sociología recibe una visita extraña, la de Alexandre Kojève. Lo que Lacan dijo en la primera etapa de su vida está marcado por Kojève. Era un ruso aristocrático que vivió en su país hasta el ’20 y por el hambre fue contrabandista de jabón o algo así para conseguir dinero. Con él hicieron un simulacro de fusilamiento cuando tenía 18 años; había nacido en 1902. En esa ocasión Kojève dice que descubrió el amo absoluto de la muerte, porque era hegeliano. De ahí, con un amigo, se fue a Berlín. Iba de un lado para el otro mientras se aprendía varios idiomas; estudió física entre otras cosas y era filósofo. Era amigo de otro ruso, llamado Koyré, que era historiador de la ciencia y enseñaba Hegel en La Sorbona, y en el año ’32 le dicen que tiene que ir a El Cairo. Entonces, lo invita enseñar Hegel a Kojève, que acababa de llegar a Francia. Se pone a leerlo –lo lee cuatro o cinco veces- hasta que descubre una clave. Tiene la inspiración que en verdad el fin de la historia ya ocurrió: la historia terminó cuando Hegel escribe la Fenomenología del Espíritu, que es concebir la idea universal de la razón, y simultáneamente Napoleón hace la batalla de Jena. Entonces dice que, la batalla de Jena y la Fenomenología del Espíritu son dos caras de la misma moneda. Habrá guerras, etc., pero lo que se vaya a hacer ya está limitado.

Entonces transforma a Hegel en una antropología cuando Hegel no es solamente una teoría sobre el hombre. Kojève sabía esto porque era físico y al revisar a Hegel se da cuenta de que esa causalidad no servía para la física. Entonces hizo del deseo de reconocimiento la clave de la humanidad. ¿Qué es la humanidad? El amo y el esclavo. Donde no hay amo y esclavo no hay humanidad, hay animales; la humanidad comienza cuando un conjunto somete a otro y lo obliga a que lo reconozca. Es un hecho totalmente artificial, negativo, que no sigue la positividad de un animal. Un gato, por ejemplo, tiene un radio perceptivo y su mundo termina en su percepción. Estoy acá y digo Kojève, digo París y en la percepción mía no hay ningún París, ningún Kojève… nada. Entonces, ¿de qué estoy hablando? Evidentemente, de cosas que no hay. Esa es la negatividad y vamos a ver que el lenguaje y la locura tienen que ver –en Lacan- con este tema.

Kojève era un tipo muy irónico. Alguien le dice que no podía hablar del fin de la historia porque negaría la revolución rusa y él le responde que esa revolución fue un intento de llevar el código napoleónico a un lugar exótico… y la revolución china, también. Y agrega: “si no le gusta que sean Napoleón y Hegel, ponga Stalin y yo como fin de la historia”. Después dijo que los filósofos eran unos pesados, se metió en la administración francesa y fue uno de los que pensó el Mercado Común Europeo; armó una teoría de cómo rehacer las relaciones con los países en vías de desarrollo, sosteniendo que había que darles cosas para que entren a nuestro mercado y nos deban. Entonces no vamos a ser los que les robamos, sino los acreedores con quienes tienen deudas. En la administración francesa lo tenían como el genio, “el profesor”, dirigía equipos de economistas sin serlo… Tenía una teoría del imperio latino, que por supuesto iba a dirigir Francia. Habría tres imperios antes de que todo se unificara, porque también fue el teórico de la globalización: el de los rusos y los asiáticos, el anglosajón y el latino. Queneau se encarga de tomar sus clases y hace la famosa Introducción a Hegel, que acá en Argentina conocemos editados por La Pleyade, en tres tomos, con diversos títulos.

Estas clases que da Kojève entre el 32 y el 39, tuvieron como asistentes a Merleau Ponty, Sartre, Lacan, Bataille, Queneau… todo lo que iba a ser después la cultura francesa. Yo acabo de hacer publicar en castellano una biografía de Kojève, de Dominique Auffret, que yo prologué para escándalo de los hegelianos, porque no soy filósofo, sino que como digno lector de Kojève, me hago su colega y le hago el prólogo. El libros se llama: “Alexandre Kojève: la Filosofía, el Estado y el fin de la historia”.

Él decía que va a haber un Estado universal. Así como hubo ciudades Estado que luego se fundieron en países, estos serán provincias de un estado universal… Una caricatura es Fukuyama, porque Kojève no dice que algún estado actual sea el estado universal, como dice Fukuyama de Estados Unidos. Kojève tenía la siguiente teoría: ¿qué va a ocurrir cuando ya no haya Estados, ni amos ni esclavos? Retornamos a la animalidad, porque el amo y el esclavo consisten justamente en salir del estado animal, de la pura positividad y en la negación construir algo. La animalidad será al estilo de los norteamericanos: sus preocupaciones van a ser sexuales, las peleas, las competencias, el juego… tonterías. Cuando va al Japón queda fascinado y sostiene que habrá dos tipos de animalidad: los norteamericanos y sus performances sexuales y el esnobismo japonés. El actual es un esnobismo de ricos pero con el tiempo será practicado por todos, donde todo el mundo va a hacer ceremonias que serán vacías, sin ningún contenido porque al no haber amo ni esclavo, ni guerras, ni luchas, ni “yo me impongo o te imponés”, todo lo que se haga serán gestos, como en los pueblos… Así es como Kojève veía el fin de la historia.

Kojève fue uno de los maestros de Lacan, que dijo: “Alexandre Kojève, el hombre más libre que conocí”. Cuando dio el seminario de la transferencia le fue a preguntar a Kojève cómo tenía que plantearlo y Kojève le dijo: si no podés explicar porqué la risa de Sócrates se convierte en hipo, no podrías explicar El Banquete. Cuando se muere y para asombro de todo el mundo, éste que decía “no me interesan los filósofos, me interesan los sabios”, se encuentra en su casa lo que ahora es un tomo bastante grueso que se llama “Concepto, tiempo, discurso”, tres tomos que se llaman “Historia de la Filosofía pagana”, otro libro sobre la autoridad, otro sobre Kant… una obra de más de dos mil páginas aún no terminada de publicar. Él siguió escribiendo aunque no frecuentó más a los filósofos sino los hoteles de cinco estrellas y las mujeres de la aristocracia. Cuando en mayo del ’68 lo consultaron, Kojève ironizó sobre el asunto. No era muy querido, obviamente. Cuando le preguntaban “¿usted qué es?”, él respondía “un marxista de derecha, que se dio cuenta de que Marx es dios y Ford es su profeta; que los chinos, los rusos, etc., son americanos que atrasan. Cuando tengan su dinero serán igual que ellos”. En el año 68 estaba en Bruselas y murió repentinamente en una reunión del Mercado Común Europeo, cuando tenía 67 años.

Este maestro le da a Lacan la clave de lo que vamos a hablar. Después Lacan se lo va sacando de encima, además Kojève obviamente no es Hegel. En una carta él dice que con el seudónimo de Hegel hizo pasar su sistema a Francia, es decir que tenía toda una cosa propia aunque usó a Hegel, por supuesto.

Si ustedes toman un lógico como Quine, que tiene un libro muy famoso llamado “Palabra y objeto”, van a ver que las palabras y los objetos, una vez que nos damos unas ciertas reglas, conviven armoniosamente. Podemos excluir, como diría Quine, unicornios, el rey de Francia, etc. Pero en Hegel, que hace de la negación la clave, como en Lacan y en Kojève, la palabra es el asesinato de la cosa. Es una frase que Lacan repite tomada de Hegel.

El mundo del lenguaje no está hecho como el mundo nominalista, como un sistema de señales para indicar objetos presentes, sino como corte con la percepción. Es más: una forma de afasia consiste en nombrar lo que se hace. La función del lenguaje esta conectada a la ausencia de la percepción de los objetos; se dan cuenta que cuando Lacan dice “todo el mundo delira” quiere decir exactamente eso, si entendemos delirio como una construcción verbal que no tiene un referente, con las precauciones en Lacan al decir “todo” -como decir todo si no hay todo- pero se trata de eso; cuando hablamos de delirio hablamos de eso. Alguien se conmueve cuando dice “mi madre me rechazó desde que yo nací” y uno le dice “¿quién se lo contó?” “mi tía me decía…”, pero… ¿quién se va a acordar de cuando nació? No nos damos cuenta que estamos contándonos una canción de cuna que apenas es un ideal. Ustedes observan cómo estamos construidos según la teoría freudiana: Freud dice “yo me duermo”, el polo de la percepción es ocupado por el lenguaje, o las representaciones; entonces empiezo a pasarme una película mientras duermo. En esa película soy feliz o infeliz, me despierto angustiado o no. Evidentemente esas vivencias que tengo, existen, pero ¿qué es lo que estoy percibiendo? El lenguaje mismo o efectos del lenguaje; en ese sentido estamos usando la palabra.

Lacan dice que el psicótico está en el lenguaje fuera del discurso; la clave está ahí. ¿Qué quiere decir discurso? Nosotros nos juntamos aquí; para ver claro el concepto de juntarnos aquí tiene que haber todo un discurso. Cuando decimos lenguaje tiene que haber una cadena significante, S1-S2…, que pueden ser más, S3, 4, 5, etc.... Pero para que esa cadena de lenguaje se convierta en discurso tiene que estar en juego un sujeto y tiene que haber algún tipo de objeto (ponemos “a” porque es la a de objeto en francés). Entonces la relación del lenguaje al sujeto, la relación del lenguaje, el sujeto y el objeto, es lo que hay que esperar. Cuando se dice que el psicótico está en el lenguaje pero está fuera del discurso, quiere decir que esta relación sujeto-objeto, es la que en la psicosis –hay muchas explicaciones de porqué- no funciona.

Esto que parece tan de Lacan en verdad también está en Freud, que lo dice, pero de manera más retorcida. Cuando escribe sobre el narcisismo en el 14 traza un esquema muy simple, donde pone al yo y al objeto; el amor, la libido -una variable no cuantificable de lo que son los lazos afectivos- ha ido del yo al objeto. Se suponía que el objeto se enriquece con propiedades que le son sustraídas al yo. El amado parece estar lleno de cualidades maravillosas, y el enamorado cada vez se siente más disminuido, más pobre, porque ha construido su objeto con lo que ha sustraído de sí mismo, o como dice también Hegel: “el objeto del hombre es la esencia del hombre tomada como objeto”. Es decir que nosotros construimos el objeto, si bien hay algo como un soporte –aunque no se puede decirle a la mujer “mi querido soporte”- pero cuando la cosa cae, puede cambiar rápidamente, ¿cómo puede ser? Quiere decir que lo que sostenía ese lugar era algo que es una propiedad del sujeto, no del objeto. A las propiedades del objeto las adjudico yo, están construidas con mi historia. Del loco se creía que no amaba, entonces se decía megalomanía.

El paranoico dice que toda la ciudad de Paraná está organizada para perseguirlo se puede suponer que si toda la ciudad lo persigue se trata de alguien muy importante, pero Lacan responde, “si el pensara así, no estaría loco”. Porque si yo pensara que “porque soy importante toda la ciudad me persigue”, pensaría eso y no tendría efecto sobre mí. Si tengo ese efecto sobre mí es justamente porque no pienso eso, percibo la percepción de todos. No puedo adjudicarle un razonamiento neurótico a alguien que no lo es.

Freud en 1915 se corrige: primero, hace ese esquema que yo digo que podría ser de mi tía y de ahí sacamos que lo mejor sería no amar demasiado, no amarse demasiado para no quedarse loco, entonces “justo medio”: amar un poquito, quererte un poquito. La de Narváez, “queréme, queréte”. Esto sería lo que a cualquiera se le puede ocurrir, pero Freud la complica: ¿qué pasa cuando un neurótico -un neurótico quiere decir cualquiera de nosotros- pierde su objeto de amor? Dice que retrocede hasta el plano de la fantasía y utiliza -no la palabra objeto, que en alemán es objeckt- sino sache, que es cosa. Esto es lo que esta disponible para la transferencia; cuando alguien va a un analista es porque algo perdió, nadie va al analista si no perdió algo, incluso no sabiéndolo. Cuando decimos que perdió un objeto, nos referimos más bien a la pérdida del estatuto del objeto. No quiere decir, por ejemplo. “yo me separé”. Si yo amo a alguien y lo dejo de amar eso es una pérdida para mí, aunque siga al lado de esa persona. Sólo hay transferencia cuando el objeto perdido se refugia en un objeto de la fantasía, entonces ese objeto de la fantasía se va a transferir, en sentido casi bancario, a la cuenta del analista.

Ahora bien, Freud decía “no se puede tratar a los psicóticos”, mientras que Lacan decía que sí, pero por razones diferentes. Freud, según esta teoría, dice que en la psicosis la libido vuelve al yo, al yo corporal, la unidad gestáltica. Es el hecho de que yo soy y tengo un cuerpo. Y dice “yo puedo tocarme a mí mismo, como al cuerpo de otro cualquiera”. El yo corporal es esta doble situación, que uno es un cuerpo -se dice que la salud es el silencio de los órganos, y nos damos cuenta que tenemos un cuerpo cuando nos molesta; mientras tanto somos un cuerpo. Cuando nos molesta el cuerpo nos separamos de él. Siguiendo este camino, ese yo corporal va a parar (estamos hablando de la psicosis, no de la neurosis) no a la fantasía como sería en la neurosis, sino que va a ser tratado como equivalente de Das Ding, que es otra manera de decir cosa.

Entonces, si para el neurótico la fantasía es el laboratorio donde el tipo se puede separar, o terminar de perder o elaborar, como decimos, para volver a enamorarse, en la psicosis hay un mundo de palabras. De ahí que el psicótico parece que es un megalómano, porque el lenguaje y la cosa es lo mismo, pero a su vez eso nos da la clave de una teoría del lenguaje que es la que Lacan va a aportar: la palabra es igual a la cosa, es lo opuesto a la palabra es el asesinato de la cosa.

Si volvemos a Hegel, hay un texto que vale la pena que leamos, del momento en que Lacan invita a Jean Hyppolite, filósofo francés que escribió un libro que se llama “Génesis y estructura en la fenomenología del Espíritu”, a hablar de la negación en Freud. De allí conviene leer el texto “La negación” de Freud, la introducción que hace Lacan a lo que dice Hyppolite, lo que dice Hyppolite y la respuesta que da Lacan a lo que dice Hyppolite. Son cuatro cosas extraordinarias para entender este tema. En “La negación” Freud comenta que viene alguien y dice: “soñé que estaba en la cama con una mujer mayor” y agrega: “no era mi madre”. Freud dice: “prescindimos del no”. Entonces, quiere decir que el juicio de existencia se inaugura con la negación. Freud utilizaba el lenguaje de Brentano, utilizaba la noción de juicio de existencia, que es que una cosa existe o no, y el juicio atributivo: esa cosa es buena o mala. Es negando, “no es mi madre”, que va a establecer la certeza de que efectivamente se trata de la madre, es la negación lo primero. Algo no funciona allí, dice Lacan, con la afirmación primordial, en el aparato del juicio.

Si ustedes leen las memorias de Schreber, el loco que escribió sus memorias y que Freud analizó -no al loco sino a las memorias- verán que él razona perfectamente: era un jurista, un tipo muy culto, versado en teología, sabe psiquiatría, se enloquece y discute incluso una teoría de alucinación y la discute muy bien. Schreber habla de los pájaros parlantes, dice, “contrariamente a lo que dice usted, que es psiquiatra, yo no confundo el piar de los pájaros con el habla, distingo perfectamente un pájaro que está piando de los pájaros parlantes que me hablan”. Evidentemente razona muy bien.

El libro empieza con una frase irrefutable: “¿Quién puede negar lo que experimenta en su propio cuerpo?” ¿Cómo refutamos eso? ¿Y que experimenta este tipo? Se despierta una mañana y se le ocurre la maldita idea -o bendita según seamos católicos o no- de que él está destinado a ser la mujer de Dios. Parece un poco raro que Dios busque una mujer, después porque en lugar de buscar una mujer entre las mujeres la busque en un hombre. Pero a medida que va asumiendo su misión se da cuenta de que eso implica la emasculación, que va a tener que castrarse para transformarse en mujer. Tiene que explicar por qué Dios no elige una mujer directamente: porque las mujeres alemanas están hechas a la ligera, por eso, prefiere convertirlo en una mujer de verdad.

Las memorias tienen quinientas páginas…, Schreber se defiende a sí mismo, se dirige a los jueces y les dice “ustedes pueden negar que me pase eso, pero ustedes entonces hubieran internado a la Virgen María, hubieran internado a Cristo”, y empieza a nombrar los grandes milagros de la religión y ellos son religiosos. “Lo único que puede molestar a mis vecinos –dice- es el milagro del aullido”, porque cada tanto tenía que aullar, “no hay ningún problema porque me voy a vivir a una casa de campo y ya está”. Las memorias son extraordinarias, está descripta la locura desde adentro, se describe a sí mismo con gran lucidez y además, escribe muy bien. Hay un análisis muy bueno de Ramón Alcalde, publicado en los Cuadernos de Psicoanálisis, que se llama Schreberiana I y es un análisis retórico de la armazón del libro -Alcalde sabía mucha retórica- lo digo por si alguna vez quieren profundizar el tema del texto literario como tal.

Es decir que ese texto loco, no tiene nada de loco, lo único que tiene de loco es que en vez de ser un lenguaje donde la cosa fue asesinada, es un lenguaje que recupera, de manera brillante, la cosa a costillas del propio cuerpo, porque es el propio cuerpo el que se convierte en la cosa alucinada.

Ustedes vieron que estamos haciendo honor a “la Escuela Normal de Paraná y a la Psicopedagogía”, estamos explicando teoría y contextualizándola culturalmente porque a mí me parecía que lo que dijo sobre lo insular Pancho Uranga vale, aunque lo dijo irónicamente sobre Paraná, vale un poco para Argentina. Nosotros estamos en el lenguaje pero fuera del discurso y tenemos la costumbre que lo que se enuncia como un razonamiento en París llega como una orden aquí; una orden que no se puede razonar. Esto también es una costumbre insular: el consumo de teorías y cosas sin asimilarlas, fuera de contexto, sin saber de dónde vienen, lo cual lleva también a grandes idealizaciones: “lo que dice Bataille, o este o aquel…”

Preguntas del público:

-Esto que vos hablabas de la palabra como asesinato de la cosa y la cuestión de la negatividad y decías que primero estaba la negación y después el juicio de atribución. Esto se podría articular con el pasaje de “no es mi madre” ¿pierde esta entidad de cosa la madre?

G.García -Como explica Hyppolite: “no es mi madre” implica que en algún lugar está afirmado que es la madre. Por eso digo que el juicio de existencia se manifiesta en la negación, o sea que “no es mi madre sería una cosa segunda respecto a que en algún lugar dice “es mi madre”; si yo levanto la negación, tenemos lo que Hegel llama la negación de la negación: “es mi madre” - “no es mi madre”, podríamos decir “no digo que no sea mi madre”. Digamos qué, cuando prescindimos del no, no es que Freud rescata una afirmación primordial, sino que hace una negación de la negación, porque dice así se genera el juicio intelectual. Ahora, “es mi madre” hablando no perceptivamente. Sé que es mi madre por las leyes parentales, no porque percibo una señora que siempre está cerca, me cuida o lo que sea. Porque hay una frase de Freud que a todo el mundo le gusta citar mal. Una frase latina que dice “el padre es incierto, la madre es certísima”; el padre es una premisa lógica.

Hay uno que se volvió loco, Strindberg, que tiene una obra que se llama “Padre”, que yo le hice un prólogo cuando era joven, donde un capitán del ejército empieza a sospechar algo sobre el hijo o la hija y dice: “yo quiero ejercer plenamente mi derecho de padre”, y la mujer le dice: “bueno, pero para eso tendrías que probar que sos el padre”, entonces el tipo le dice “me has engañado”, “no, yo no te engañé, pero eso no prueba que vos sos el padre”. Ella lo pone en cuestión, y él empieza a tomar el discurso de la época (filosófico, biológico) y de ninguna manera puede probar que el es el padre, la única prueba que tiene es que la mujer asienta que él es el padre. Ahora tenemos el ADN, pero antes era así.

En la religión judía es la madre la que certifica al padre; cosa que nosotros tomamos con la Virgen María, que es un culto que comienza en el siglo III. Los que saben de religión saben que los valores que tiene la gente que es tipo “tradición, familia y propiedad”, ignora que la maquinaria familiar la incorporó el cristianismo del judaísmo, porque San Pablo despreciaba la familia, y Cristo también. Cristo dice “dejarás a tu padre y a tu madre”, y San Pablo dice: “los débiles de espíritu que se casen”, ¡que se casen!, es decir “que se vayan al diablo”. Se recupera de la tradición judía el culto a María. En el enigma de la Trinidad no está la madre, no hay nadie para reproducirse, es el padre, el hijo y el espíritu santo.

Como Schreber era lógico, los teólogos también son lógicos. San Agustín, que es extraordinario, respondía a una madre dolorida que se le moría un hijo: “el niño que recién nació y murió ¿va a ir al cielo? No, al infierno. ¿Por qué al infierno si no ha hecho nada?”. Y San Agustín implacable: “todos estamos bajo el pecado original”. El que acaba de nacer es tan pecador como el que ha hecho todo tipo de daño. O sea, una lógica que a veces era inhumana. Los inquisidores hacían lo siguiente ¿Cómo probar que era bruja? Muy simple: se le ataban piedras pesadas y se la tiraba al agua. Si la bruja se ahogaba, salvaba su alma. Si flotaba la mataban. En los dos casos se salvaba. Volvían a la casa tranquilos porque hacían una obra de bien, habían sacado una bruja del mundo y salvado por lo menos el alma.

Digamos, una vez que ocurre este asesinato de la cosa no hay nada que no se pueda explicar. De eso se trata.

Preguntas del público:
M. Romero -Vos dijiste que hasta ahí llega Freud y Lacan avanza un poco más, me gustaría que desarrollaras un poco más cual fue el aporte de Lacan.

G.García -Según la lectura de Miller, en Lacan hay dos momentos claves. Uno de ellos es cuando pasa del Seminario X al XI, de la teoría de la angustia a los cuatro conceptos, que es una reducción de Freud a cuatro términos ­–de todo Freud quedan cuatro cosas, inconsciente, pulsión, transferencia y repetición. Primero es estructuralista, ordenar las cosas según conocemos: neurosis, psicosis, la perversión… La psicosis se corresponde con el mecanismo de la forclusión, la verwerfung, la neurosis con la represión, la perversión con la renegación, etc. Pero después Lacan a la famosa perversión la convierte en un chiste, la pere-versión, la versión del padre. Según la versión del padre que uno tiene, según la versión que se le haya trasmitido a uno de lo que es, uno se constituye. Ya no hay una estructura llamada perversión. Después está la forclusión del nombre del padre en la psicosis, pero hay una forclusión del sentido y de la muerte en la neurosis, por lo tanto hay una forclusión generalizada. Ya no es un mecanismo de la psicosis, de ahí que todo el mundo delira…

Freud no atendía psicóticos, Jung que era psiquiatra le cuenta a Freud provocándolo y seduciéndolo a la vez, que hay un loco que puede andar bien con su teoría porque el tipo se levanta de pronto del asiento mete la mano en una rendija de la ventana y haciendo una pantomima, jadeando cae al piso. Freud contesta: “muy interesante, si usted lo cura sería un buen colega”. A Freud no le importaba lo que decía Jung. Y al caso Schreber lo analiza porque se lo manda Jung para provocarlo y hace un texto que existe todavía. Freud no estaba interesado en la psicosis, creía que no tenía salida. Tenía una posición muy cientificista: creía que era un problema químico. Sigue siendo así, porque todo el mundo es valiente pero cuando alguien se enloquece llamás al amigo psiquiatra para que lo medique.

Lacan no decía que curaba la psicosis, decía “no hay que retroceder” Hubo una gran pelea con Mannoni y con otros, porque Lacan recuperó de la antigua psiquiatría la presentación de enfermos. Está lleno de payasos que imitan eso pero que hacen algo que no tiene nada que ver con lo que hacía Lacan. La presentación de enfermos es un aparato didáctico y Lacan decía que a nadie le puede hacer mal que lo escuchen seriamente: un enfermo, alguien lo interroga, hay una audiencia que no interviene, etc. Acá en la provincia, cuando llega uno de la Capital a hacerse el Lacan le sueltan a un loco como si fuera un perro rabioso. En Francia no es así, invita el psiquiatra que lo atiende, está la información previamente. Algo didáctico, como se hacía en la psiquiatría clásica, como lo hacía Charcot, etc. Mannoní y compañía eran antipsiquiatras, se opusieron. Miller saca un texto a favor de la presentación de enfermos, pero lo que no se aclara es que Lacan veía locos siempre, iba a Sainte-Anne todos los días, es decir que entrevistó locos durante cincuenta años. De esa época tengo un montón de presentaciones de enfermos de Lacan y se evidencia que sus interrogaciones intentan hacer aparecer el punto de ruptura entre lenguaje y fantasía. Cuando decimos que avanzó, lo hizo teóricamente. Es verdad que podés atender locos, podés recibirlos, con cuidado, etc.

He traído un libro de mi amiga Silvia Tendlarz, “Psicosis: lo clásico y lo nuevo”, donde ustedes podrán encontrar el tema de la psicosis pero especialmente un capítulo en el que hace un muy buen análisis de la tesis de Lacan, que ella trabajó bastante.

En realidad el título de esta conferencia, “El texto en la psicosis”, lo tomé de un congreso que se hizo en Ginebra y que además se publicó en Manantial en el 90, se llama “La psicosis en el texto”. Allí hay una intervención con la que Miller cierra diciendo: “El estatuto primero del que enseña es ser el valet del verdadero maestro”. Si uno tiene que enseñar Lacan, Hegel, o a quien fuera, tiene que saber servirlos adecuadamente. “Lacan tiene por objeto la psicosis –dice– desde el momento que un texto teórico se ocupa de ella, pero también, uno puede decir dos cosas, Lacan tiene un texto sobre la psicosis, pero también, dice Miller, puedo querer decir que el texto de Lacan es un testimonio clínico de la psicosis, que es su autor. Lacan mismo decía que tenía un rigor psicótico… En Estados Unidos, él se clasificó de esa manera. Que quede claro que él se lo tomaba a risa, no como nosotros, el lenguaje clásico de la psiquiatría. Si uno está en el lenguaje por el fantasma, justamente no está atravesado por el fantasma que siempre es vacilación subjetiva, sino que uno sigue una cadena de razonamiento, por loco que sea, pero que tiene un rigor interno. La estructura de los delirios paranoicos es una estructura lógica bien armada; la premisa es falsa. No siempre balbucean los locos, balbucean cuando se los llena de pastillas. Entonces, “a primera vista psicosis y lógica están en oposición, dice Miller, aunque más no sea por el hecho de que la psicosis desborda de sentido y la lógica quita sentido”.

Lo que decíamos hoy de la cosa: en la psicosis todo tiene sentido porque el lenguaje y la cosa son lo mismo, mientras que la lógica esta vacía, no tiene ningún contenido; una implicación no implica ninguna cosa, es una implicación, una regla. “Podría decirse que en la psicosis el significante es suprasemántico”. Lo semántico, es decir el significado, es lo que predomina; en el lenguaje de Saussure el significante y el significado, o en el lenguaje de Frege la bedeutung. “Podría decirse que en la psicosis el significante es suprasemántico, en tanto que en la lógica matemática es a-semántico”. Decía Russell, aunque conozco la cita indirectamente, “la matemática es hablar rigurosamente de no se sabe qué”, mientras que la psicosis es hablar rigurosamente de algo que se sabe perfectamente, la famosa certeza psicótica. Continúa Miller: “no en vano Clérambault había adoptado el término postulado para calificar el término más incondicionado del delirio erotomaníaco, en efecto hacía derivar el conjunto del discurso en la psicosis erotomaníaca, de un postulado en el sentido lógico (…)” La erotomanía es al revés que en la paranoia, donde el otro me goza, me quiere hacer daño, etc., en cambio la erotomanía es una locura feliz: él me ama. “Por cierto –continúa Miller– dos términos aparecen ligados aquí, el de creación, porque hay creación tanto en la psicosis como en la lógica, una creación que surge ex nihilo –porque surge de ningún lugar–. La pizarra es la condición misma de la lógica. Pero esta creación, al surgir de la nada, es correlativa del término que podemos tomar de Freud, vía Lacan, una forclusión.” Lacan comparó una vez la psicosis con la ciencia, porque en los dos casos hay una forclusión de la semántica, del sentido, operada a partir de nada. “Un matemático dice sea A que yo defino de tal modo. Por lo demás, la creación lógica tiene por objeto que cualquier otro pueda pensar en el lugar de un lógico, mientras que el psicótico está encantado de su lugar único”. Es decir, un loco no puede seguir el delirio de otro; muere Schreber y otro no puede tomar el relevo de ser la mujer de Dios, mientras que un lógico se muere y se puede seguir el razonamiento sin ningún problema. Hay un ser único del lado de la psicosis y no lo hay del otro lado. “Este punto de vista del delirio generalizado es, en efecto, saludable, en tanto nos restituye una profunda humanidad del psicótico”. Es lo que decía Lacan de que el psicótico es capaz del amor, de la amistad.

El término “autista” sirve para desentenderse de que hay un tipo ahí que sufre y que no tenés ninguna idea de lo que le pasa, pero cuando los autistas han hablado han contado los delirios y las cosas por los que estaban acosados mientras no hablaban. No se puede decir, entonces, no te preocupes que es una planta. “Por lo común –dice Miller- dicha humanidad es presentada en tanto se la funda sobre su estatuto de estar en el mundo, están en el mismo mundo que nosotros, vale decir, de co-pertenecer a este mundo. Nosotros, por nuestra parte, lo fundamos en que él es sujeto, es decir que es plenamente un ser en el lenguaje, ello en tanto, que la referencia como tal siempre falta en el lenguaje”. Para decir que el loco es un congénere lingüístico nuestro, tenemos que aceptar que la referencia falta en el lenguaje; si no, podemos decir: “yo soy sano porque no confundo vaso con escritorio”. Pero si digo que la referencia no está en el lenguaje, es verdad que la manera de usar el lenguaje que tiene el loco es llamativa respecto de mi doxa común, mi lenguaje común con los demás, pero es el lenguaje también. El del lenguaje que niega, que mortifica, etc., es también el lenguaje que vivifica. Es complicado el tema.

Hace poco escuchaba en el canal Encuentro unos reportajes que están pasando y uno era de Lévi Strauss, que es un sabio. Él sostiene que está en contra del humanismo, porque el humanismo llega hasta definir el sujeto por el lenguaje, y eso siempre quiere decir que los países desarrollados se arrogan el derecho de imaginar que su lenguaje es mejor que el lenguaje de las tribus. Dice: “yo prefiero definir a la humanidad por lo viviente. Es seguro que por ser vivientes de la misma especie tenemos la universalidad de nuestros pueblos y después tendremos la universalidad de las reglas de nuestras tribus. Cuando sostiene “la prohibición del incesto”, que también es una negación, la prohibición del incesto transforma un hecho de la naturaleza en una regla real, por eso se habla de la articulación de naturaleza y cultura. Esto implica todo el problema de leyes que son universales y reglas que no lo son. Este lenguaje, entonces, que produce la muerte y la negación, produce la muerte en vida en tanto nos sabemos mortales, pero también eso mismo te introduce en un más allá de la vida porque somos de una especie que puede calcular, y basta el ejemplo de un testamento. Tomar decisiones que van más allá de la existencia… o alguien que escribe cosas que piensa que van a incidir en el mundo cuando ya no esté.

Entonces, aquí Miller da una vuelta y dice “el lenguaje es el asesinato del goce”, porque –en verdad- cuando se dice que el deseo es metonímico, es el lenguaje, al introducir un vacío -es la ausencia del objeto- introduce el deseo, entendiéndolo en el sentido que decía Platón, no podemos desear lo que tenemos, sino desear lo que nos falta. El lenguaje, al introducir la falta, nos vuelve deseantes, y lo que nos hace deseantes es también lo que acota o lo que asesina nuestro goce. Hay que entender que gozar no es desear, desear es justamente no gozar: desear es esperar la comida, gozar es comérsela, no son la misma cosa.

Miller termina con un tema muy simple: “todo el psicoanálisis está construido en torno a un postulado delirante, que es el falo materno”. Es porque la madre tiene falo –es decir, no tiene- que hay psicoanálisis. El niño freudiano es un pequeño paranoico, ve a la niña y deduce –según Freud- que la niña ha sido privada del pene porque seguramente ha hecho algo muy malo y como tiene fantasías incestuosos, se apresura a reprimirlas (salida del Edipo por el súper yo) para evitar la castración. Freud, entonces, presupone en este delirio que el sujeto universaliza la autopercepción de su cuerpo; mi cuerpo particular vale para todos. Cuando aparece un cíclope le llama tuerto… porque no puede concebir que éste exista. Si todo lo que anda por ahí tiene dos ojos, éste es tuerto; si todo lo que anda por ahí tiene pene, la mujer está castrada. La otra operación es para defender que hay una que no está castrada, que es la propia madre. Esta buena noticia va a terminar mal. Bastaría descubrir que a la madre le gusta para que se rompa todo el esquema porque si le gusta, no lo tiene. No se desea lo que se tiene. Por eso, en el inconsciente todo niño sospecha que la santa es una puta, porque sabe que algo le gusta también. Esto hace que el deseo femenino sea siempre un escándalo, no cuando uno es el objeto de ese deseo, sino cuando otro es el objeto de una mujer que nosotros deseamos. Ese triángulo hace del deseo femenino un escándalo, por eso Hegel dice muy bien “las mujeres son la ironía de la comunidad”. Para poder construir el mundo social, el hombre reprime a la mujer en el seno del hogar, y se da cuenta de un talón de Aquiles y es que la mujer está ahí y no es porque quiere y no sabe qué es lo que quiere en realidad y así puede tirar abajo toda la máquina. Por eso son la ironía de la comunidad, porque a través de la familia regulan la reproducción de los hijos y… porque todos hemos tenido madre y lo sabemos. El tipo monta un mundo donde lo que no entra es la mujer misma. Es muy interesante el tema, no es un problema de educación, no se si ustedes están con chicos. Es muy interesante el tema de porqué la diferencia sexual no se arregla con la educación sexual en las escuelas. Hay algo delirante de entrada y es lo que Lacan quiere decir cuando dice que no hay relación sexual, es algo que cada uno se inventa como puede, pero no algo que funcione naturalmente.

Mayo de 2009.